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Gertrudis Gómez de Avellaneda en el Lázaro Galdiano
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ARTE Y MUSEOS, IMAGEN Y PALABRA, MADRID

Gertrudis Gómez de Avellaneda en el Lázaro Galdiano

¡Hablas! ¡Todo renace!
Tu creadora voz los yermos puebla;
Espacios no hay que tu poder no enlace;
Y rasgando del tiempo la tiniebla,
de lo pasado al descubrir ruinas,
con tu mágica voz las iluminas.

Gertrudis Gómez de Avellaneda. A la poesía.

La imagen:

Recorro por fin las salas de un museo madrileño que he tardado demasiado en conocer. Es el Lázaro Galdiano, que me asombra tanto por su contenido como por su continente. Las estancias de lo que fue el Palacio de Parque Florido son lujosas, decoradas con materiales nobles y frescos de temática variada que iluminan y colorean los techos altos. La colección de pintura y objetos preciosos que a lo largo del primer tercio del siglo XX reunieron el mecenas, D. José, y su esposa, Paula Florida y Toledo, es apabullante. Aquí las obras de El Bosco, Zurbarán, El Greco o Goya, por citar sólo alguno de los maestros representados en el museo, pueblan las paredes pintadas con colores elegantes que resaltan acertadamente los cuadros y sus marcos.

En lo que fue el salón de baile, me encuentro con un rostro femenino que llama mi atención. Me acerco. Es la escritora y poeta Gertrudis Gómez de Avellaneda, sutilmente retratada por el pincel sensible y certero de Federico de Madrazo. La pintura data de 1957, por lo que la modelo tendría unos 42 años. A pesar de no ser ya una mujer joven ni de poseer una belleza deslumbrante, su rostro es atractivo. Su porte emana dignidad, seguridad y prestancia. La mirada de ojos oscuros es inteligente, a la vez que trasluce una tristeza serena, como quien ha recorrido ya el camino del sufrimiento. El contraste entre el negro del vestido, los tonos rojizos del adorno del pelo o el terciopelo del sillón y el chal multicolor es deliciosa. La luz la ponen las perlas, el brazalete, el pañuelo fino y el propio rostro de la escritora.

La palabra:

Dramaturga, novelista, poeta, Gertrudis Gómez de Avellaneda nació en 1814 en Cuba, hija de una familia acomodada. Con dieciocho años abandonó con pesar su Cuba natal para viajar junto a su familia rumbo a España. Vivió en Coruña y Sevilla, antes de instalarse a los veintidós años en Madrid. Tula, así la llamaban, entró en el círculo de José Zorrilla y fue pronto respetada por el mundo literario de la capital.

A pesar de su porte pausado en el cuadro de Madrazo, su corazón fue apasionado y su vida turbulenta, quizás como digna hija del Romanticismo que le tocó vivir. Experimentó amores febriles, a menudo no correspondidos, al menos no como ella esperaba. Con Gabriel García Tassara engendró una hija fuera del matrimonio, que él nunca reconoció. La niña tan solo vivió siete meses. Poco después, Tula se casó con Pedro Sabater, fallecido tan solo un año después de la unión.

No era fácil ser mujer en un mundo de hombres. En 1853, Gómez de Avellaneda fue la primera mujer candidata a ingresar en la Real Academia Española de la Lengua. La petición le fue denegada pues, según arguyó la institución que limpia, fija y da esplendor, el reglamento no contemplaba el acceso de mujeres. Similar suerte sufrieron años después Emilia Pardo Bazán y María Moliner.

En 1856, Tula contrajo matrimonio por segunda vez. Tampoco sería esta una unión sin dificultades. Su esposo, el coronel Domingo Verdugo y Massieu fue apuñalado por la espalda durante el estreno de la obra “Los tres amores”, escrita por Gertrudis. La pareja de desplazaría a Cuba, en busca de un clima más propicio para la curación del coronel. Tras la muerte de su marido en la isla en 1863, Tula retornó definitivamente en Madrid. Diez años después, falleció en el mes de febrero a las tres de la madrugada en su domicilio de la calle Ferraz. Tenía 58 años.

En “A la poesía”, escrito en 1836 por una joven Gómez de Avellaneda abatida tras su llegada a España, la autora exalta esta forma literaria, que sin duda sería una de las pasiones más sinceras y duraderas de su vida. “Cuando las frescas galas/de mi lozana juventud se lleve/el veloz tiempo en sus potentes alas/y huyan mis dichas, como el humo leve/serás aún mi sueño lisonjero/y veré hermoso tu favor primero.”


Mapa de localización del Museo Lázaro Galdiano


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