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Anhelo de volar

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Anhelo de volar

Nube, volar, avión, viaje, cielo
En algún lugar del cielo entre Toronto y Quebec…

Mi abuelo Alfredo, fue un artista nacido en el último año del siglo diecinueve, un escultor de gustos delicados y sensibilidad exquisita. Recuerdo lo difícil que era, cuando nos visitaba en París, alejarle del Museo Rodin o de los tesoros del Louvre. Admiraba por igual el clasicismo de la Venus de Milo y la grandeza de la Victoria de Samotracia. Clavaba en las esculturas su mirada de experto y su mano ansiaba acercarse al tacto del mármol cincelado.

Él, hombre de otro siglo, siempre quiso poder ver con sus propios ojos la perspectiva que, desde el vientre de un avión en vuelo, se ofrece de nuestra tierra. Su espíritu curioso hubiera querido también pasearse entre las nubes, sentirlas livianas, algodonosas, contemplarlas tan de cerca. «¿Qué se ve desde allí arriba? ¿Cómo es?», me preguntaba a veces.

Su querida esposa, mi abuela, mujer de gustos más clásicos y poco arriesgados, siempre prefirió viajar en tren. Y el hombre curioso, por acompañarla, eligió la tierra renunciando así al cielo. Es por ello que, cuando vuelo con la cara casi pegada a la ventanilla del avión y la mirada bien atenta, dedico a veces desde lo alto un trocito del paisaje a mi abuelo. Puede ser un pequeño lago azulado, el trazado geométrico de unos campos cultivados, una cordillera de picos quebrados, alguna nube de forma caprichosa y, sobre todo, un gran trozo de inmensidad azul para el artista inquieto que quiso, pero no pudo, llegar a volar.

Volar, avión, Andes, cordillera, Chile
La cordillera de Los Andes en un vuelo de Punta Arenas a Santiago de Chile

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