Normandos en Sicilia
Desde tiempos inmemoriales, Sicilia, ha sido, por su posición estratégica en el Mediterráneo, un crisol de culturas y un nexo de unión entre Oriente y Occidente. A la isla fueron llegando a lo largo de los siglos fenicios, griegos, romanos, bizantinos, árabes o normandos. Precisamente estos últimos dejaron en el siglo XII una huella muy particular en la isla bajo la forma de edificios e iglesias normandos en Palermo y otras localizaciones, que han sido catalogados desde 2015 como Patrimonio de la Humanidad.
Fueron cuatro los reyes normandos en Sicilia: Roger II (1130-1154), Guillermo I (1154-1166), Guillermo II (1166-1189 ) y Tancredo (1189-1194), que fue rey ilegítimo. De los nueve monumentos sicilianos que forman el conjunto «Edificios de Palermo y catedrales de Cefalú y Monreale de estilo árabe-normando« de la UNESCO, recorremos en este artículo los siete que se encuentran en Palermo, la capital de Sicilia.
ÍNDICE DE CONTENIDOS:
◎ Normandos en Sicilia
1. Catedral de Palermo
2. Palacio de los Normandos
3. Iglesia de San Juan de los Eremitas
4. Iglesia de Santa Maria dell'Ammiraglio (La Martorana)
5. Iglesia de San Cataldo
6. Palacio de la Zisa
7. Puente del Almirante
◎ Los otros monumentos normandos Patrimonio de la Humanidad en Sicilia
▪︎ Mapa de los edificios normandos de Palermo
1. Catedral de Palermo
El primero de los edificios normandos al que nos asomamos es la Catedral de Palermo. Se llega a ella enfilando desde Quattro Canti la popular calle Vittorio Emmanuele en dirección a la Porta Nova. La construcción de este templo, sobre lo que fue una basílica bizantina, se ha datado entre 1169 y 1185.
Rodeada de unos agradables jardines cerrados por una verja, la Catedral de Palermo está consagrada a la Virgen de la Asunción. En el exterior destacan los muros recios y las torres esbeltas, que recuerdan más a un palacio fortificado que a una iglesia. Son especialmente llamativos los elementos arquitectónicos del primer tejado recubiertos con tejas de mayólica (cerámica vidriada) de colores verde y amarillo.
El interior, más moderno, impresiona quizás menos. Como curiosidad, en una urna de plata de la capilla de Santa Rosalía se conservan las reliquias de la patrona de la ciudad, una noble virgen de Palermo de la época normanda que vivió como ermitaña en una cueva.
LO QUE MÁS ME HA GUSTADO: la visita a los tejados de la catedral, que comienza por una puerta camuflada detrás de una capilla de la iglesia. En el primer nivel exterior se aprecian bien los detalles de mayólica y desde el nivel superior las amplias vistas permiten percibir Palermo desde una perspectiva muy diferente.
2. Palacio de los Normandos
Este recio palacio, erigido frente a la amplia Plaza de la Victoria y cercano a la Porta Nova, fue erigido por los árabes sobre unas ruinas púnico-romanas. Más tarde, lo ocuparon los normandos como sede política y después los virreyes españoles como residencia. En la actualidad es sede de la Asamblea Regional Siciliana. Esta riqueza histórica explica por que el palacio no tiene una estructura homogénea y presente una combinación de estilos arquitectónicos.
Pero, sin duda alguna, el lugar más llamativo y visitado del palacio es la Capilla Palatina. Erigida entre 1130 y 1140, durante el mandato de Roger II, es un compendio decorativo espectacular. La capilla deslumbra por sus mosaicos donde abunda el color del oro. El escritor francés Guy de Maupassant dijo de ella en el siglo XIX que era «la joya religiosa más maravillosa que ha ideado el cerebro humano».
LO QUE MÁS ME HA GUSTADO: la sensación que se tiene en la Capilla Palatina -mientras se levanta la mirada para ver los detalles de los mosaicos bizantinos- de haber retrocedido varios siglos en el tiempo, a una Sicilia medieval que dejó un legado artístico esplendoroso.
3. Iglesia de San Juan de los Eremitas
No escasa distancia del Palacio de los Normandos, se levanta, escondida tras un frondoso jardín, la iglesia de San Juan de los Eremitas. Fue fundada por Roger II en 1142, con un monasterio anexo que llegó a ser el más rico de Sicilia en su época.
Esta pequeña pero encantadora iglesia de volúmenes rectangulares está rematada con cinco cúpulas rojas características del estilo árabe-normando. Y es que, mientras los cuerpos cuadrados de un edificio representan la tierra, las cúpulas representan el cielo.
Hoy en día, la iglesia apenas está decorada en su interior. Sí se conservan las ruinas del claustro, construido más tarde, en el siglo XIII, como parte de un convento del que ya no quedan otros restos.
LO QUE MÁS ME HA GUSTADO: el exuberante y arbolado jardín mediterráneo, poblado con palmeras, cítricos, agaves, buganvillas, rosas y otras plantas ornamentales, que se extiende desde la entrada del recinto hasta la iglesia y el claustro. De hecho, este último es uno de los escenarios palermitanos que aparece en la reciente serie de Netflix El Gatopardo.
4. Iglesia de Santa Maria del Almirante (La Martorana)
En la céntrica plaza Bellini, se encuentran muy próximos el uno del otro dos edificios normandos de Palermo que es imprescindible visitar. El primero es la iglesia de Santa María del Almirante (Santa Maria dell’Ammiraglio, en italiano) que fue fundada en 1143 por Jorge de Antioquía. Fue éste un almirante ilustre que sirvió al rey normando Roger II de Sicilia. Hablaba árabe y griego y conocía bien el Mediterráneo, méritos que le fueron muy útiles para extender el reino naval de la isla.
Este templo se conoce también como La Martorana por el convento benedictino que fundó Eloísa Martorana en 1194 contiguo a la iglesia. En él se preparaba la famosa «frutta di Martorana», un delicioso mazapán con forma de frutas. Con el tiempo, convento e iglesia se acabarían fusionando.
Del exterior de la iglesia llama la atención la torre-campanario árabe-normanda de varios niveles. En su interior, la decoración es de lo más profusa, desde los mosaicos bizantinos, de los más antiguos de Sicilia, a las pinturas de las bóvedas realizadas por el pintor de origen flamenco Guglielmo Borremans en el siglo XVIII.
LO QUE MÁS ME HA GUSTADO: la decoración bizantina -preciosos los mosaicos en tonos dorados y el suelo cosmatesco que he podido ver en otras iglesias como Santa Maria in Cosmedin en Roma- y cómo combina asombrosamente bien con las pinturas barrocas más tardías de la iglesia. Se podrían pasar varias horas en esta iglesia descubriendo todo tipo de pequeños detalles decorativos.
5. Iglesia de San Cataldo
Junto a Santa Maria dell’Ammiraglio, se construyó en 1154, bajo el reinado de Guillermo II, la iglesia de San Cataldo. Fue encargada por otro almirante, Majone da Bari, como capilla de un suntuoso palacio que no se conserva hoy en día. En 1182, el rey donó la capilla y la iglesia a los monjes benedictinos de la cercana Monreale quienes ocuparon el lugar hasta el siglo XVIII.
El templo está consagrado a San Cataldo, monje irlandés del siglo VII. Peregrinó a Tierra Santa y, tras naufragar, se instaló en el sur de Italia, donde llegó a ser obispo de Taranto. En la actualidad, la iglesia de San Cataldo de Palermo está bajo la custodia de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, fundada en 1098 por el francés Godofredo de Bouillón, cabeza principal de la Primera Cruzada.
LO QUE MÁS ME HA GUSTADO: el interior de la iglesia, casi desnudo, pero poderoso: podría imaginarse perfectamente una reunión de antiguos caballeros en este escenario. También las tres pequeñas cúpulas rojizas exteriores que contrastan con el color de la piedra y el cielo azul de Palermo.
6. Palacio de la Zisa
Más apartado del centro de la ciudad y, por ello, menos visitado, el Palacio de la Zisa debe su nombre al término árabe “al-Aziz”, que significa esplendoroso. Este pequeño palacio fue concebido como sollatium o lugar de recreo en el parque de caza real. Lo mandó edificar Guillermo I al final de su vida y lo continuó su hijo, Guillermo II por lo que se ha datado entre 1165 y 1167.
En interior del palacio alberga un pequeño Museo de Arte Islámico con piezas procedentes de países mediterráneos.
LO QUE MÁS ME HA GUSTADO: ante el palacio se extiende el Jardín de la Zisa. Se trata de un gran espacio verde rectangular, dividido por un canal y organizado en cuadrantes. Desde él se tiene una bonita perspectiva de la construcción normanda.
7. Puente del Almirante
Al igual que la iglesia del Almirante, el séptimo y último de los edificios normandos de Palermo que recorremos en este artículo también fue mandado construir por Jorge de Antioquía. Se trata de un puente de piedra, edificado en 1131, un año después de la subida al trono del primer rey normando de Sicilia, Roger II. Se encuentra fuera del centro de la ciudad, en la zona sur de Palermo, y cruzaba en otra época el río Oreto, cuyo cauce se desvió en 1938.
El uso de arcos agudos y de otros más pequeños intercalados con los de mayor tamaño aumentó la resistencia del puente a las cargas y a la presión del río abajo. De hecho, en Palermo hubo una gran inundación en 1931 que este puente soportó perfectamente 800 años después de su construcción.
Como curiosidad, hay junto al puente unas placas que conmemoran el enfrentamiento ocurrido en 1860 entre Giuseppe Garibaldi y las tropas borbónicas que defendían la entrada a Palermo por el sur de la ciudad.
LO QUE MÁS ME HA GUSTADO: es el único de los siete edificios normandos de Palermo que no constituye un palacio o una iglesia sino una auténtica obra de ingeniería civil de la época.
Los otros monumentos normandos Patrimonio de la Humanidad en Sicilia
Además de los siete edificios normandos de Palermo, hay dos lugares normandos más que forman parte del listado de la UNESCO y que son de visita imprescindible en Sicilia:
✣ La Catedral de Monreale, localidad situada a tan solo 12 kilómetros de Palermo.
✣ La Catedral de Cefalú, pintoresco pueblo costero a unos 70 kilómetros de Palermo edificado en la base de un gran promontorio rocoso.
Mapa de los edificios normandos de Palermo
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