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El mural de Falcone y Borsellino en Palermo
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IMAGEN Y PALABRA, Italia

El mural de Falcone y Borsellino en Palermo

"Los hombres pasan, las ideas quedan y continuarán caminando sobre las piernas de otros hombres”
Giovanni Falcone

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La imagen:

Giovanni Falcone y Paolo Borsellino sonríen tras hacerse alguna confidencia en este mural cercano al puerto de Palermo que reproduce una antigua fotografía. Hay un evidente gesto de complicidad entre ellos, la naturalidad que se podría encontrar entre dos familiares. No lo son, aunque en esta imagen podrían parecen gemelos con peinado y bigote similar. No, no les unieron lazos de sangre, pero sí la sangre derramada.

Giovanni y Paolo se conocían desde la infancia, que pasaron en La Kalsa, uno de los barrios del corazón de Palermo, céntrico y marítimo. Un cartel marca aún hoy el lugar donde se levantó en otros tiempos la casa familiar de Falcone, seriamente dañada por los bombardeos de los aliados de la Segunda Guerra Mundial. Los niños, luego jóvenes, pasaron años en este enclave profundo de la ciudad, donde conocieron de primera mano la idiosincrasia y la complejidad palermitana. Algunos compañeros de juegos acudieron más tarde a la universidad o se dedicaron a oficios varios; otros se acercaron a la sombría red de la mafia siciliana.

Giovanni y Paolo fueron creciendo, el uno rompiendo paulatinamente con la tradición católica conservadora de su familia, el otro religioso y respetuoso con las costumbres más formales. Se reencontraron en la Universidad de Palermo donde ambos cursaron Derecho, tras un coqueteo previo de Giovanni con la carrera naval. Sus diferencias no resquebrajaron su amistad. Al contrario, su lucha común contra un enemigo encubierto y feroz habría de trazar para estos dos hombres un destino paralelo.

La palabra:

Giovanni Falcone y Paolo Borsellino fueron adalides de la lucha contra una mafia que aterrorizaba y dominaba la bella Sicilia. Falcone, juez y fiscal de carrera distinguida, tuvo el coraje de iniciar entre los años 1986 y 1987 un proceso de grandes proporciones, sin precedentes, contra esta organización que había ordenado asesinar a los que, ley en mano, habían pretendido debilitarla.

Algo después, en 1992, Falcone pagó la audacia. Una fuerte carga explosiva colocada junto a la carretera detonó cuando el juez conducía su vehículo hacia el aeropuerto de Palermo, cerca de Capaci. Iba en compañía de su esposa Francesca, ambos perdieron la vida. El coche que les precedía, con tres policías dentro, se desintegró en el aire.

Falcone y Borsellino, Borsellino y Falcone. Tan sólo cincuenta y siete días después, Paolo sufrió el mismo sino que su camarada Giovanni. Edades y vidas parecidas, mismo año de muerte. Otro coche que estalla por la detonación de una bomba, otro juez asesinado.

De manera casi inesperada, Palermo enfureció. Reaccionó con viveza ante la muerte violenta de dos hijos suyos, jueces de prestigio. La ciudad clamó contra una tiranía impuesta, aceptada incluso, pero nunca querida. La lucha no ha acabado, pero el sacrificio no fue vano; algo despertó en la ciudad y en las conciencias. Algunas voces se alzaron libres.

Los dos jueces amigos hoy dan nombre al aeropuerto de Palermo, la imagen de Falcone y Borsellino se ha convertido en un icono de libertad y aquella frase pronunciada por Giovanni derivó en una proclama de esperanza y continuidad: “No los matasteis: sus ideas caminan sobre nuestras piernas».


Mapa de localización del mural de Falcone y Borsellino en Palermo:

Murale Giovani e Paolo
Via Mura della Lupa, 1, 90133 Palermo PA, Italia

Autores Giulio Rosk y Mark Loste (2017)

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