[Artículo escrito por Carlos Félix para Aetheria Travels]
Cofete, Fuerteventura
Si uno tiene la fortuna de visitar la isla de Fuerteventura, la de los fuertes vientos, y el azar o el afán de aventura le llevan a la península de Jandía, al Sur, podrá disfrutar no sólo de una naturaleza formidable y grandiosa, sino también de historias fascinantes que oscilan entre la historia y la leyenda. Partiendo de Morro Jable y circulando por un camino rústico que atraviesa el macizo montañoso, se llega a la playa de Cofete, enorme, salvaje y bravía, abierta al océano en muchos kilómetros.
Hay allí un humilde caserío y un pequeño cementerio cerca de mar, en el que unos pocos colonos, durante poco más de cien años, entre principios del siglo XIX y mediados del XX, trataron de prosperar mediante la agricultura y la pesca. Casi nadie vive ahora allí de forma estable y sólo algunos pequeños establecimientos atienden en temporada a los turistas que se aventuran a llegar.
No obstante, sorprende ver una casa, grande y erguida, un poco alejada del poblado, a media ladera, dominando la playa inmensa y hermosa. Incluso la arquitectura llama la atención. Sobre una base de mampostería, que salva el desnivel, se eleva una construcción cuadrada y blanca. La estructura es clásica del entorno mediterráneo y clima cálido, con un patio interior al que se abren las puertas de las habitaciones y donde se recogen las escasas aguas que pueda verter la lluvia.
Destaca una torre cilíndrica, que se eleva unos metros por encima de la casa, y está circundada por ventanas altas y arqueadas en su piso superior y que, como la garita de un centinela, permiten observar el mar a gran distancia.
ÍNDICE DE CONTENIDOS:
◎ Cofete, Fuerteventura
◎ Don Gustavo, el Alemán
◎ Gustav Winter, propietario de Jandía
◎ Submarinos en las Islas Canarias
◎ La construcción de la Casa Winter
◎ Fantasía o realidad
▪︎ Mapa de localización de la Casa Winter
Don Gustavo, el Alemán
Se trata de la Casa Winter, cuya historia se entreteje con un halo de intriga y misterio. Empieza con su impulsor, Gustav Winter (Don Gustavo, el Alemán), un ingeniero alemán que emigró muy joven a Argentina en 1912. Al comenzar la Primera Guerra Mundial, regresó a Europa para ser capturado por los británicos, sin que se sepa con certeza si era por su condición de súbdito alemán o por sospechas de espionaje.
También hay más de una versión sobre cómo acabó el cautiverio unos meses más tarde: una mera liberación con la promesa de no volver a Alemania o una fuga espectacular, escapando de un barco-prisión y alcanzando a nado un buque holandés que se dirigía a Nueva York y que hizo escala en Vigo, donde desembarcó. Tras diversas aventuras, consiguió trabajo en España y decidió quedarse al terminar la guerra.
Durante los años 20, Gustav Winter prosperó como ingeniero, dedicado al desarrollo de la industria eléctrica española. Hombre hábil y bien relacionado, mantuvo contactos personales y comerciales con su país natal durante la República de Weimar y, años después, durante el nazismo. A mediados de la década, se traslada a Gran Canaria, con un importante proyecto de electrificación de las Islas Canarias, y que resultó un éxito empresarial. Paulatinamente, sin embargo, su actividad empresarial va tomando otros derroteros, diversos, variados y generalmente lucrativos.
Gustav Winter, propietario de Jandía
Su primer contacto con Fuerteventura se debe con gran probabilidad a su afición por navegar, que le condujo a recorrer las Canarias en velero. Es fácil entender su admiración por la belleza de la playa de Cofete y otras zonas de la isla de Fuerteventura, cuya lejanía y olvido la habían convertido en destino de condenados a penas de destierro, como lo fue Unamuno durante la dictadura de Primo de Rivera, o Durruti durante la República.
Concibió entonces Gustavo Winter el proyecto de comprar la entera península de Jandía a sus antiguos propietarios, una familia aristocrática descendiente de los conquistadores normandos, lo que consiguió ya en plena guerra civil, en la que se alineó nítidamente con la España nacional, a la postre ganadora.
Es aquí cuando los hechos conocidos se confunden con los recuerdos de los vecinos y surgen leyendas locales y especulaciones, unas más fantásticas y otras más creíbles. Es cierto que barcos y técnicos alemanes exploran la zona al poco de su adquisición, incluso antes de que terminara la Guerra Civil y cuando ya se barruntaba el comienzo de la nueva Guerra Mundial.
De las buenas relaciones de Gustav Winter con el gobierno alemán tampoco parece haber dudas, ya que volvió a Alemania durante la Guerra Mundial y participó en actividades industriales y empresariales. ¿Llegó a colaborar con la Abwehr, el servicio de contraespionaje dirigido por el Almirante Canaris? Parece que hubo sospechas entre los aliados y, desde luego, no es descartable en absoluto.
Submarinos en las Islas Canarias
¿Buscó la armada alemana una base secreta en Fuerteventura o al menos un punto de aprovisionamiento y refugio donde ocultarse? La hipótesis no es descabellada. Algún sumergible se refugió en la vecina isla de Gran Canaria y no hay más que asomarse a las ventanas de la Casa Winter para comprender su valor como refugio, con su playa remota y aislada, abierta al océano, pero a cubierto de miradas indiscretas.
Parece también que se inició la construcción de un aeródromo, para el que se tantearon dos posibles ubicaciones. También hubiera sido posible que los aviones aterrizaran en la playa, ancha, plana, despejada y fácil de acondicionar. Asimismo, hay hechos cuando menos intrigantes, como que, al poco de su adquisición por Don Gustavo, los pocos pobladores locales fueran alejados de la propiedad durante algún tiempo, como si quisieran evitar testigos.
La construcción de la Casa Winter
Tampoco está clara la fecha de construcción del edificio. Oficialmente, las obras se realizaron una vez concluida la contienda mundial, pero algunos testigos sugieren que se empezaron antes. El abuelo del actual propietario afirmaba haber trabajado incluso a finales de los años treinta y describía la llegada por el mar de unos como “barcos al revés”, pintoresca pero vívida descripción de un sumergible.
Curiosamente, sus hijos, tíos del hoy dueño, fueron guardeses de la casa durante bastantes años, ya abandonada por sus propietarios originales, de modo que la adquirieron mediante una figura legal que se llama usucapión (que esencialmente consiste en que si ocupas un edificio durante muchos sin que nadie lo reclame, pasa a ser tuyo).
Por tanto, las obras realizadas en la posguerra son quizá reformas destinadas a transformar la casa en un lugar de descanso al que acudía la familia Winter en vacaciones, al menos durante algunos años. En efecto, Gustav Winter y su familia, que obtuvieron la nacionalidad española en los años cincuenta, eligió para vivir y trabajar otras zonas de la isla de Fuerteventura, así como de Gran Canaria. De hecho, participó en el desarrollo de Morro Jable como destino turístico en los años sesenta y permaneció en las Islas Canarias hasta su muerte en Las Palmas, en 1971.
Fantasía o realidad
Se han propuesto muchas historias para la Casa Winter y su papel en la Segunda Guerra Mundial, unas más fantasiosas y otras no tanto. Como se ha dicho, se ha especulado con que era una base secreta de submarinos e incluso se rumorea que existe una caverna debajo de la casa, que en su día estuvo conectada por el mar y por la que entraban los sumergibles, entrada que fue destruida con explosivos tras la guerra. Incluso se dice que puede haber allí todavía algún viejo submarino y que hubo un acceso directo a la casa, ahora desaparecido. No parece fácil, dada la profundidad que hubiera requerido esa instalación y la considerable distancia hasta el mar.
También parece aventurado que fuera un lugar de descanso y disfrute para los submarinistas (incluido el acompañamiento femenino), o que lo visitaran Hermann Göring y el almirante Wilhem Canaris, o que fuera un lugar de paso donde los nazis que escapaban a Sudamérica tras la contienda pudieran ocultarse e incluso someterse a intervenciones quirúrgicas para cambiar su aspecto.
Sin embargo, basta con asomarse a las ventanas de la Casa Winter y contemplar el océano bello y azul golpear la costa, solitaria y desértica, para imaginar que alguna de esas fabulosas historias pudiera ser cierta. Se puede claramente vislumbrar a uno de esos “barcos al revés” acercándose a aquella playa remota y abandonada para recibir suministros o informes, o a algún avión aterrizando en la arena con provisiones e instrucciones. Se percibe un halo de misterio en el edificio, aislado en la playa inmensa, alejado de poblaciones y pobremente comunicado, con su mirador de la torre vigilando el océano.
Quizá sólo sea la deslumbrante belleza del entorno, la sensación, incluso ahora, de estar muy alejados de casi cualquier otra cosa en el mundo, la intuición de que, al anochecer, una inmensa soledad se abatirá sobre la casa y sus alrededores. Puede que entonces se liberen los fantasmas y las piedras empiecen a contar toda la verdad de que allí sucedió.
Mapa de localización de la Casa Winter en Fuerteventura
CRÉDITOS: textos de Carlos Félix y fotografías de C. Peiró (@aetheriatravels)
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