El destierro de Unamuno
El 20 de febrero de 1924, el escritor y pensador Miguel de Unamuno recibió una noticia demoledora: por medio de una Real Orden, era cesado de sus cargos académicos en la Universidad de Salamanca y desterrado a la isla canaria de Fuerteventura. Sus escritos repletos de afilados ataques a la dictadura de Miguel Primo de Rivera, autor del golpe de estado el año anterior, y a la figura del rey Alfonso XIII le pasaban así una amarga factura.
«Ilustrísimo señor: Acordado por el Directorio Militar el destierro a Fuerteventura (Canarias) de don Miguel de Unamuno y Jugo, Su Majestad el Rey (q. D. g.) se ha servido disponer: Primero: Que el referido señor cese en los cargos de vicerrector de la Universidad de Salamanca y decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma; y Segundo: Que queda suspenso de empleo y sueldo en el de catedrático de dicha universidad»
Se dice que el día antes de partir de Salamanca, Unamuno impartió clase con normalidad en la universidad. Al finalizar, sereno, como si todo siguiera su curso con normalidad, dio a sus alumnos la consigna habitual: «Para el día próximo, la lección siguiente«.
ÍNDICE DE CONTENIDOS:
◎ El destierro de Unamuno
◎ El viaje de ida
◎ Puerto Cabras (Puerto del Rosario)
◎ Hotel Fuerteventura (Casa Museo Miguel de Unamuno)
◎ Playa Blanca
◎ Montaña Quemada
◎ Betancuria (ruinas del Convento de Franciscanos)
◎ Muralla de Punta Jandía
◎ La isla sanadora
▪︎Para saber más...
▪︎Mapa de los lugares de Unamuno en Fuerteventura
El viaje de ida
El 27 de febrero, Unamuno zarpó desde Cádiz rumbo a las Canarias. No viajó solo, sino acompañado por otro desterrado, el ex diputado republicano Rodrigo Soriano. Los dos hombres llegaron a Tenerife, desde donde fueron trasladados a Gran Canaria. Finalmente, el 10 de marzo de 1924, llegaron a Fuerteventura. Unamuno tenía 59 años.
En su maleta llevaba tres libros: el Nuevo Testamento en su original griego, la Divina Comedia de Dante y los Cantos del escritor italiano Giacomo Leopardi, quizás como antídoto frente a la hostilidad de una tierra desértica y salvaje que hacía presagiar los peores augurios.
Se cumplieron, pues, en 2024, cien años desde la partida de Unamuno hacia una isla remota, aislada, seca y arenosa, que se ha descrito a veces como un pedacito del desierto del Sáhara en el archipiélago canario. Y casi un año después de ese centenario he pisado yo misma por primera vez el suelo de Fuerteventura, la única isla canaria, además de El Hierro, que tenía aún pendiente de visitar.
Conocedora del paso de Miguel de Unamuno por Fuerteventura, me he fijado durante mi estancia en algunos de los lugares de la isla que, según pude saber, conformaron el paisaje de su destierro.
Puerto de Cabras (Puerto del Rosario)
Unamuno y Soriano desembarcaron en Puerto Cabras, hoy en día llamada Puerto de Rosario, la capital de Fuerteventura. El antiguo nombre hacía referencia a una de las especies animales más abundantes de la isla y con cuya leche se prepara el rico queso majorero. Por aquel entonces, Puerto Cabras tenía unos 1.000 habitantes, con algunas calles asfaltadas y otras ni siquiera. Había camellos, automóviles y barcos fondeados frente a la ciudad.
(fuente: Casa Museo Miguel de Unamuno, Fuerteventura)
En Puerto Cabras le recibió Ramón Catañeyra, empresario, autodidacta y dueño de la mayor biblioteca de la isla. Pronto forjó una estrecha amistad con Unamuno. Mantuvieron animadas conversaciones, dieron largos paseos -Unamuno era un andarín nato- e hicieron excursiones que permitieron al escritor conocer la isla y descubrir en ella encantos a priori insospechados.
Hotel Fuerteventura (Casa Museo Miguel de Unamuno)
En Fuerteventura, Unamuno y Soriano se alojaron en el Hotel Fuerteventura, que era más bien una modesta pensión. Estaba situada a pocos pasos de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, con cuyo párroco de entonces, Víctor San Martín, Unamuno entabló amistad.
Hoy en día, la pensión, remodelada, acondicionada y ampliada, es sede de la Casa Museo Miguel de Unamuno, que forma parte de la red de Museos de Fuerteventura. De una sola planta, este espacio agradable y de entrada gratuita recrea la historia del destierro y el ambiente en el que vivió el escritor durante su estancia en Fuerteventura.
Se conservan la cama y la mesa de escribir que usaba Unamuno cuando se instalaba de vez en cuando en la cercana casa de su amigo Castañeyra. El escritorio toma, de hecho, una importancia vital durante el destierro; sobre él redactaba Unamuno cartas, textos y artículos para revistas extranjeras y poemas, convirtiendo sus pensamientos y sensaciones en escritura. Allí escribió una parte del libro «De Fuerteventura a París», una crónica muy personal de su exilio, un diario íntimo compuesto por 103 sonetos.
Desde marzo del 2024, un gran mural conmemora junto a la Casa Museo el centenario de la estancia de Unamuno en Fuerteventura. Es obra del artista Matías Mata, natural de la vecina isla de Lanzarote, quien firma sus obras como “Sabotaje al Montaje”. Se pueden ver otras obras suyas en Fuerteventura, como, por ejemplo, el mural Miradas del Atlántico en Caleta de Fuste.
Casa Museo Miguel de Unamuno
C. Virgen del Rosario, 11, 35600 Puerto del Rosario, Las Palmas
◎ museosfuerteventura.com
Playa Blanca
Conforme pasan las semanas, Unamuno aprecia cada vez más el paisaje isleño. Lo antes desolador se va tornando amable. Uno de sus lugares de referencia fue Playa Blanca, una playa al sur de la capital de la isla, que hoy sirve de lugar de esparcimiento, paseo y ocio para los isleños y visitantes.
Allí, Unamuno se sentaba sobre un promontorio para reflexionar sin prisa y contemplar la inmensidad del océano. En 2024, se instaló en Playa Blanca una curiosa escultura que representa las características gafas circulares del escritor.
En Fuerteventura, Unamuno redescubre el mar, muy diferente al Cantábrico de su País Vasco natal.
"Es en Fuerteventura donde he llegado a conocer la mar, donde he llegado a una comunión mística con ella, donde he sorbido su alma y su doctrina"
Miguel de Unamuno. "De Fuerteventura a París"
La arena, el sol, la pesca, el aire impregnado de salitre -en definitiva, la vida al aire libre – pasaron poco a poco a formar parte de su vida cotidiana en Fuerteventura.
"Te has hecho ya, querida mar, costumbre / para mis ojos, pies, pecho y oídos..."
Miguel de Unamuno. "De Fuerteventura a París"
Montaña Quemada
A muy pocos kilómetros al sur de la localidad de Tindaya (ver mapa), se encuentra la Montaña Quemada, un antiguo volcán de color gris intenso. En la parte inferior de su ladera, se alza un monumento homenaje a Miguel de Unamuno. Con sus ocho metros de altura, fue realizado en 1970 por el escultor Juan Borges Linares. La estatua de Unamuno, que parece diluirse en la inmensidad del paisaje, mira hacia la Montaña de Muda.
Este paisaje árido y sin adornos fascinó al escritor hasta el punto de querer ser enterrado allí o en Playa Blanca en caso de morir en Fuerteventura. Lo cierto es que la denostada isla fue calando hondo en el corazón y los sentidos del escritor.
"¡Fuerteventura! ¡mi Fuerteventura! Si viera que mi fin se me acercaba y que no podía morir en mi tierra más propia, en mi Bilbao donde nací y me crié, o en mi Salamanca, donde han nacido y se han criado mis
hijos, iría a acabar mis días ahí, a esa tierra santa y bendita, ahí, mandaría que me enterrasen o en lo alto de la montaña Quemada, o al lado de ese mar, junto a aquel peñasco al que solía ir a soñar, o en Playa Blanca."
Miguel de Unamuno. En carta a Ramón Castañeyra
Betancuria (ruinas del Convento de Franciscanos)
En Betancuria, una de las localidades más antiguas de todas las Islas Canarias, llamaron poderosamente la atención de Unamuno las ruinas del Convento de San Buenaventura. Fue construido por los franciscanos y estuvo activo entre los siglos XV y XIX. Los restos del convento aún se pueden ver hoy en uno de los extremos de este pueblo histórico y repleto de encanto, que forma parte de la asociación de los Pueblos Más Bonitos de España.
"Enjalbegada tumba es Betancuria,/ donde la vida como acaba empieza,/ tránsito lento a que el mortal se aveza,/ lejos del tiempo y su cruel injuria".
Miguel de Unamuno. "De Fuerteventura a París"
Otros lugares unamunianos de Fuerteventura
Durante los cuatro meses que duró su destierro en Fuerteventura, Unamuno no desaprovechó las ocasiones para conocer mejor la isla y recorrer su territorio, saciando así su natural curiosidad. Visitó otras poblaciones de la llanura centra de la isla, como Antigua, que da nombre hoy a uno de los seis municipios de la isla. Fue un núcleo próspero, lo que se refleja aún en su coqueto casco histórico, en la Iglesia de y su molino-museo tradicional.
Llegó también a otros lugares como Pájara o La Oliva, una más al sur, la otra más al norte, ambas con casas blancas y encaladas y bonitas iglesias en medio de las tierras áridas.
Caleta de Fuste
Este fue el última pedazo de tierra fuerteventurosa – el propio Unamuno acuñó este neologismo para denominar lo relativo a la isla- que pisó el escritor. Desde la Caleta de Fuste, hoy un conocido centro turístico junto al mar, Unamuno y Soriano embarcaron en el Zeelandia, enviado por el periodista francés Henri Dumay, director del periódico parisiense Le Quotidien, para que los desterrados pudieran escapar de la isla.
Unamuno llegaría así a París, pasando primero por Gran Canaria, Lisboa y , en la región de Normandía. Aunque la orden de destierro se había levantado decidió no volver de inmediato a España. De París, se trasladó a Hendaya, donde habría de permanecer unos cinco años antes de volver a Salamanca.
La isla sanadora
«En mi vida he dormido mejor, en mi vida he digerido mejor mis íntimas inquietudes», llegó a afirmar Unamuno sobre su estancia en Fuerteventura. Como Antonio Machado en Baeza, Unamuno encontró en Fuerteventura un componente redentor. La vida más sencilla, ordenada, en contacto con la naturaleza, lejos de los núcleos de trifulcas y disputas políticas hizo bien a su cuerpo y a su espíritu. Fue, irónicamente, una estancia sanadora y productiva, un bálsamo que le ayudó a curar algunas heridas del alma.
A su vez, el pensador rompió con la imagen primitiva y tosca que se tenía de la isla y de sus habitantes. Conoció a los majoreros, desentrañó su modo de vida, los comprendió y los ennobleció en sus escritos. «Dejé esa roca llorando», diría Unamuno sobre su partida de Fuerteventura.
Unamuno reflejó por escrito su profundo deseo de volver algún día a Fuerteventura. Las circunstancias no lo hicieron posible. Sin embargo, hasta su muerte acontecida en Salamanca el último día del año 1936, esta isla arenosa y seca ocupó un lugar en los recuerdos del escritor.
(fuente: Casa Museo de Miguel de Unamuno)
Para saber más:
◎ LIBRO: «De Fuerteventura a París» (1925). Miguel de Unamuno.
◎ PELÍCULA: «La Isla del Viento» (2015) – también disponible en Filmin. Director: Miguel Manchón. Intérprete principal: José Luis Gómez.
◎ BIOGRAFÍA: Real Academia de la Historia
Mapa de los lugares de Unamuno en Fuerteventura:
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