Protección para la ciudad del rey Cécrope
¿Cuál es el origen del nombre de Atenas, la capital de Grecia? Como no podía ser de otra manera, se cuenta que la denominación de esta ciudad, núcleo fundamental de la Antigüedad, proviene de la fascinante y enrevesada mitología griega. Deriva en realidad de una enzarzada disputa entre dos dioses fundamentales, un hombre y una mujer, que desplegaron sus mejores bazas para intentar convertirse en protectores de la ciudad.
Dice la leyenda que el rey Cécrope, fundador de la ciudad en el segundo milenio a.C., hizo llamar a Atenea y Poseidón. Nacida de la cabeza de Zeus, Atenea era la gran diosa de la sabiduría, de las artes y la prudencia guerrera. Por su parte, Poseidón era el poderoso dios de los mares, también del Egeo que baña las costas de Atenas. En su honor se levantaba un gran templo en el Cabo Sounion. ¿Qué podían ofrecer cada uno de ellos para merecer el título de protectores de la ciudad?
El regalo de los dioses
Poseidón blandió su gran tridente y lo hizo chocar contra el suelo de la Acrópolis, en el lugar donde ahora se encuentra el Erecteion, el magnífico templo sujetado por elegantes cariátides. Surgieron del suelo dos caballos, a la vez que brotó un manantial de agua salada. Poseidón prometió además proteger la marina ateniense y los mares circundantes. Por su parte, Atenea ofreció el primer olivo, árbol sagrado y nutricio, uno de los atributos de la diosa y símbolo de paz. La lechuza es el otro símbolo de Atenea y representa la sabiduría. Eso fue precisamente lo que la diosa prometió a los atenienses si era elegida como protectora: paz y sabiduría para la ciudad.
Una disputa olímpica
Al parecer, los dos dioses se enzarzaron en una seria disputa en la que hubo de intervenir Zeus, hijo de Cronos – el Tiempo- y Rea, hermano de Poseidón y padre de Atenea. Hizo llamar a todos los dioses del Olimpo quienes finalmente dieron su apoyo a Atenea tras escuchar la opinión del rey Cécrope. Fue así como la diosa ganó la contienda y recibió el encargo de proteger la ciudad que tomó entonces el nombre de Atenas.
Otras versiones indican que fueron los propios atenienses quienes prefirieron el regalo de Atenea. Del manantial de Poseidón brotaba agua, sí, pero era agua salada. En cambio, del olivo de Atenea extraerían alimentos, madera y aceite, útil para la elaboración de bálsamos y ungüentos o como combustible para las lámparas, entre otros usos.
Representación en el arte
En los frontones del bellísimo templo del Partenón, también en la Acrópolis, quedó representada con esculturas esta leyenda de Atenea y Poseidón. Faltan en Atenas muchas piezas de ese conjunto escultórico, y tan sólo se pueden ver de él ver unos pocos fragmentos en el Museo de la Acrópolis – los hombros de Poseidón, un pie de Atenea, la pata de un caballo –. Afortunadamente, en el museo se exponen réplicas en miniatura que nos permiten conocer cómo era la representación modelada de esta curiosa leyenda de la mitología griega. Quién sabe si, en caso de haber ganado el dios de los mares, estaríamos hoy hablando de Poseidonia en lugar de Atenas.
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