Colores, formas y dibujos
No lo puede evitar. Había estado antes en Portugal, hacía ya años, pero al volver hace unos meses al norte del país me enamoré, me «apaixone», definitivamente de los azulejos portugueses. Se pueden ver en palacios e iglesias, pero también en casas más corrientes, tiendas o estaciones de trenes. Magníficas o más modestas, esas losetas consiguen en cualquier caso embellecer y dar prestancia a los edificios que adornan.
Lo cierto es que en aquellos días de recorrido por Oporto, Braga y Guimaraes, mi mirada sentía una atracción irresistible por los azulejos y escudriñaba con gusto colores, patrones, formas geométricas o dibujos más elaborados. Casi a la vez, el dedo se posaba rápido sobre el disparador de la cámara, en un intento de preservar por más tiempo las imágenes de esos dibujos de colores o en blanco y azul.
Aquí quiero compartir una pequeña colección de esas fotografías de azulejos portugueses. Pero antes de llegar a las galerías de imágenes, hablemos un poco de cómo llegó y evolucionó en Portugal el arte del azulejo, que es hoy una de las señas de identidad de ese hermoso país.
Del legado árabe a la azulejería de patrón
«Al-zuleique» en árabe es la pequeña piedra lisa y pulida que los árabes utilizaban en la Edad Media para decorar suelos y paredes. En el siglo XV, los reyes portugueses se fijaron en esta arte decorativa y decidieron adoptarla para sus propias obras arquitectónicas. El arte del azulejo iba a calar más hondo en Portugal que en cualquier otro país europeo.
Durante los siglos XV y XVI, los azulejos se importaron y llegaron a Portugal a través de Castilla procedentes de grandes centros de producción como Sevilla, Valencia, Málaga y Toledo. Eran predominantemente piezas de patrones geométricos y lacería, y más tarde también de motivos vegetales.
Los azulejos son un arte común a culturas y usos muy diferentes. Así, a finales del XVI, Portugal recibió la influencia del norte de Europa y de Italia, país del que importó la técnica mayólica, que hizo posible una pintura de gran calidad sobre los azulejos.
Más tarde, en el siglo XVII, predominó la azulejería de patrón. Los interiores, especialmente los de las iglesias, se recubrieron, a veces completamente, de azulejos con dibujos y patrones repetitivos que llegaron a alcanzar grandes dimensiones.
El predominio del azul
A finales del siglo XVII, volvieron los azulejos decorados con dibujos figurativos. Se fue abandonando la policromía y los diseños se fueron decantando por el azul sobre fondo blanco. Al parecer, fue decisiva la influencia de la porcelana de China, que se consideraba como un producto de gran calidad. También hubo una clara influencia recíproca entre Portugal y Holanda, gran productora de porcelana en blanco y azul. La azulejería bicolor predominó hasta mediados del siglo XVIII, aunque esta tendencia se siguió utilizando en los siglos posteriores.
Durante la época barroca, también destacaron los maestros pintores que reprodujeron sobre grandes paneles de azulejos escenas de la Historia Sagrada, dibujos costumbristas o pasajes de la historia de Portugal. En ese periodo conocido como el Ciclo de los Maestros (1690-1725), el pintor de azulejos fue reconocido como artista y a menudo firmaba sus paneles.
El azulejo sale a la calle
Tradicionalmente, el azulejo se había utilizado fundamentalmente para arquitectura y decoración interior y sólo muy puntualmente en el exterior. Pero a mediados del siglo XIX todo cambia. El azulejo baja a la calle y se populariza. De repente, las fachadas de las casas se transforman en largas paredes cerámicas. El azulejo se revela como una forma económica de proteger muros y fachadas y de defenderlos contra la humedad. A la vez, combina esa labor práctica con la de dotar a pueblos y ciudades de un toque de alegría, forma y color.
El azulejo también se atreve a salir del interior de las iglesias. ¡Y no lo hace de forma tímida! De repente, grandes murales cerámicos en blanco y azul cuentan en las fachadas de los templos la obra y milagro de santos y otros personajes religiosos. Hay en Oporto, varias iglesias, como la Iglesia do Carmo o la Capilla de las Almas, decoradas con magníficas escenas de cerámica bicolor, de las que se puede disfrutar sencillamente paseando por las calles de la ciudad.
También otros lugares de uso público se adornan de azulejos. Es el caso del imponente atrio de la estación de tren de Sao Bento de Oporto, decorado con unas 20.000 piezas que representan escenas de la historia del norte de Portugal. Algo más tarde, las estaciones del metro de Lisboa se decoran con azulejos de motivos más contemporáneos.
De esta manera, siglo tras siglo, el arte del azulejo ha pasado a formar parte de la esencia misma de Portugal. Salió de los palacios y hoy está muy presente en la vida cotidiana de los portugueses. Para los que vamos de visita, es un lujo poder disfrutar durante unos días de la belleza de estas cerámicas, no sólo en iglesias, palacios o museos, sino callejeando por las ruas del país vecino. ¡No es casualidad que las pequeñas piezas con motivos geométricos son uno de los souvenirs más populares de las tiendas de recuerdos de Portugal!
[Saber más]:
▪️ En Lisboa, el muy completo Museo Nacional del Azulejo (MNAz) permite seguir la historia y evolución de esta arte decorativa en Portugal con una riquísima colección de más de 7.000 piezas de distintas épocas.
Galería de imágenes
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Portugal
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