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Anna-Eva Bergman, la artista del norte que se enamoró del sur
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Cuadro de la pintora Anna-Eva Bergman
ARTE Y MUSEOS, MADRID

Anna-Eva Bergman, la artista del norte que se enamoró del sur

Una pintora noruega en el Palacio de Velázquez

Hace unos pocos días, durante uno de mis paseos por el madrileño parque de El Retiro, decidí entrar en el Palacio de Velázquez, que es hoy una de las sedes del Museo Nacional de Arte Reina Sofía. Me había llamado varias veces la atención el cartel anunciador minimalista de la exposición «De norte a sur, ritmos», de la artista Anna-Eva Bergman. Aunque no había encontrado aún la ocasión para adentrarme en el universo plástico de Bergman, esta vez sí lo conseguí.


«La pintura abstracta es describir la vida de los colores, su conformidad con las leyes de la naturaleza, su ritmo y su forma»


Me gustó más que nunca la amplitud de espacio del Palacio de Velázquez, las paredes blancas, el esqueleto metálico de estilo industrial de los pilares del edificio y el gran ventanal por el que se colaba la luz. Me gustó porque ese escenario era el contrapunto perfecto para la pintura de Anna-Eva Bergman; la hechura lisa y monocromática de las paredes resaltaba la sofisticada sencillez de las 70 obras expuestas en esta exposición.

Paisajes y metal

Las pinturas de Bergman describen paisajes, montañas, fiordos, piedras o mares. Aunque llevadas a un alto grado de abstracción, estas escenas recogen lo esencial de manera magistral: el frío, el calor, la ondulación del agua, la redondez mineral o las franjas de color de una tierra y su cielo.


«No existen los contornos, solamente hay transiciones de una cosa a otra, de la luz a la oscuridad, de un color a otro»


Anna-Eva Bergman contrasta con total acierto los colores sobrios y profundos de su pintura con la textura metalizada del pan de oro, la plata o el cobre. En algunos paisajes minimales, se adivina a Rothko, y en los detalles metalizados parece verse la influencia de Klimt, quizás como un remanente de su etapa de juventud en Viena.

Los primeros años

De padre sueco y madre noruega, Anna-Eva Bergman nació en Estocolmo un 29 de mayo de 1909. Tras el divorcio de sus padres, siendo muy niña, se instaló con su madre en Noruega. Se formó como artista en la Statens Kunstakademie, la Academia Noruega de Bellas Artes, de Oslo. Continuó su formación en Viena en 1928-1929 y estudió en el taller del pintor André Lothe en París durante la primavera de 1929.

Poco después conoció en París a Hans Hartung, un artista expresionista alemán, cuya obra sería más tarde rechazada por el regimen nazi, al considerarse su estilo como degenerado. Anna-Eva Bergman se casó con Hartung en 1929 a los 20 años de edad. Vivieron juntos en París y en Alemania. En 1930, empezó su periplo hacia el sur. Se instalaron en Menorca durante un año, pero esa no habría de ser la única relación de la artista nórdica con España.

España: reencuentro y primeros horizontes

Décadas más tardes, en 1962, Anna-Eva Bergman permaneció durante largas temporadas en Carboneras, en la provincia de Almería, un lugar que ha atraído a numerosos artistas y cineastas por sus paisajes austeros y su luz excepcional.

La pareja se había vuelto a reencontrar. Anna-Eva Bergman y Hans Hartung habían permanecido juntos durante una década hasta que en 1938 dieron por finalizado su matrimonio. Pero las vidas de estos dos artistas no estaban destinadas a ir por separado. En 1957, casi veinte años después de su ruptura, y tras otro matrimonio de Bergman, Anna-Eva y Hans volvieron a casarse, esta vez hasta la muerte de ella.

En España comenzó la fascinación de Bergman por los horizontes. Fue desarrollando ese motivo que habría de aparecer casi obsesivamente en su obra. Pintó horizontes del sur, pero también horizontes de su norte natal, adecuando la paleta de colores y metal al fuego o al hielo.


«Hay un motivo que se me presenta frecuentemente en mi pintura y que me cuesta reprimir, el horizonte. El horizonte significa para mi la eternidad, el infinito, aquello que está más allá de lo conocido, aquello que da paso a lo desconocido»


También encontró inspiración en otros viajes a Castilla. Fascinada por la aridez y los pedregales, en 1970 dibujó en tinta china sobre papel la serie Piedras de Castilla. Esa atracción por el mundo mineral había comenzado en Noruega, pero se despertó plenamente durante sus viajes al sur.

Anna-Eva Bergman también pintó Madrid. En tonos térreos y con pequeños toques cuadrados que se me antojan edificios de diferente altura, la artista del norte sintetizó la esencia de la gran ciudad.

Madrid

Grasse: el último retiro

En 1973, Bergman y Hartung se instalaron en el sur de Francia, en Antibes. De nuevo junto al Mediterráneo, la artista siguió creando sin pausa, fiel a su proyecto personal y sintetizando cada vez más los paisajes tantas veces vistos y sentidos.

Ese fue el último destino del sur de la artista del norte. Desde allí, Anna-Eva Bergman partió hacia su horizonte más eterno y desconocido un 24 de julio de 1987.

Hans Hartung sólo sobrevivió un par de años a Anna-Eva Bergman. En la ciudad de Antibes, en su adorado sur de Francia, la Fondation Hans Hartung et Anna-Eva Bergman cuida hoy en día de una colección de piezas de Anna-Eva y Hans, compañeros de arte y compañeros de vida.


Palacio de Velázquez (Parque de El Retiro)
Sede del Museo Nacional de Arte Reina Sofía
📍Parque de El Retiro, Paseo Venezuela, 2, 28001 Madrid

Exposición "De norte a sur, ritmos"
Del 22/10/2020 al 17/05/2020
€ Entrada gratuita
🌐 museoreinasofia.es


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