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Maruja Mallo, mirada libre y femenina de la Generación del 27
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Maruja Mallo, artista de vanguardia

Una exposición retrospectiva del Museo Nacional Reina Sofía me ha dado la oportunidad de conocer más a fondo la figura y la obra de Maruja Mallo, una artista española realmente original, una mujer atrevida y rompedora, una protagonista femenina del arte de vanguardia que despuntó en un mundo predominantemente masculino.

Maruja Mallo en su estudio madrileño de la calle Rodríguez San Pedro (marzo de 1936). Fotografía intervenida por la artista.

Ana María González Gómez, más conocida como Maruja Mallo, nació en Viveiro (Lugo) en 1902. Más tarde se trasladó a Madrid con su familia. Entre 1922 y 1926, estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que contaba con profesores de la talla de Julio Romero de Torres. Ya entonces mostró su interés por las figuras femeninas, así como por modelos de otras razas y culturas.

Pronto dio Maruja Mallo rienda suelta a su creatividad, a su pasión por la experimentación plástica, con una obra que despuntó en el campo de la pintura, con aportaciones también en dibujo, cerámica, teatro y fotografía. Su estilo heterogéneo y ecléctico es difícilmente clasificable.

Óleo de Maruja Mallo realizado durante su etapa de formación. Museo Provincial de Lugo.

Llegó a ser una de las principales figuras de la Generación del 27, de la que formaron parte Rafael Alberti -quien fue su pareja-, Salvador Dalí, Federico García Lorca y Luis Buñuel, junto a mujeres como María Zambrano o Rosa Chacel, entre otros.

El nombre de la exposición, «Maruja Mallo: Máscara y Compás», hace alusión, por un lado, a su obra enigmática y surrealista, y, por otro, a la geometría como un elemento principal de su obra.

Aquí dejo un resumen de esta muestra que he disfrutado en homenaje a una mujer extraordinariamente libre e inconformista.

Dos mujeres en la playa (1928). Colección María Elena Moragas.

ÍNDICE DE CONTENIDOS:

Maruja Mallo, artista de vanguardia
Verbenas (1927-1928)
Cloacas y campanarios (1929-1932)
La religión del trabajo (1936-1939)
Cabezas bidimensionales
Naturalezas vivas (1941-1944)
Moradores del vacío (c. 1968-1980) y Viajeros del éter (1979-1982)

▪︎ Maruja Mallo en la colección permanente del Reina Sofía
▪︎ Catálogo de la exposición
▪︎ Mapa de localización

Verbenas (1927-1928)

La exposición, organizada por orden cronológico, comienza con la serie «Verbenas», que pinta una joven artista que aún no ha alcanzado la treintena. En estos cuadros, Maruja Mallo cuenta de una manera personal, ya con un estilo muy libre y poco academicista, la realidad social de la época.

La verbena contiene un mensaje político: es un elemento democrático, la fiesta de todos, donde personajes de lo más variopinto aparecen reflejados en pinturas rotundamente coloristas.

La Verbena (1927). Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
AUTORRETRATO: En esta verbena Maruja Mallo se pinta a si misma, con un tocado blanco, camuflada tras los dos personajes femeninos alados que aparecen en primer plano.

Despunta también muy pronto su inclinación por la geometría, por las formas angulosas, de corte cuadrangular, que tanta importancia cobran en los años 1930, también en los elementos decorativos propios del Art Déco.


Cloacas y campanarios (1929-1932)

Del estallido de color y la alegría crítica, Mallo se rinde a la oscuridad más tenebrosa. La artista es experimentadora, prueba registros y polos opuestos, evoluciona su vida y con ella su obra. Las caras y los cuerpos rellenos de las verbenas dan paso a huesos, calaveras y objetos quebrados en un entorno hostil y fantasmagórico.

En esta época, Maruja Mallo se acerca más al surrealismo, un estilo que interesaba a la artista por su voluntad de transgresión del mundo establecido y burgués. Las pinturas de Mallo invocan la exterminación de este mundo caduco como camino necesario hacia un nuevo orden social e intelectual. Fascinado, André Breton, adquiere su obra «Espantapájaros».


«Maruja Mallo, entre Verbena y Espantajo toda la belleza del mundo cabe dentro del ojo, sus cuadros son los que he visto pintados con más imaginación, emoción y sensualidad.» Federico García Lorca.


Antro de fósiles (1930). Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

La religión del trabajo (1936-1939)

Cuando estalla la Guerra Civil, Maruja Mallo se encuentra en Galicia. Más tarde se traslada a Buenos Aires con motivo de una exposición y una serie de conferencias. Allí permanecerá durante más de dos décadas, hasta los años 1960. Serán años fructíferos de arte en libertad, en los que amplía su registro artístico.

En «La religión del trabajo», la pintora rinde homenaje a las trabajadoras del campo y del mar a través de una serie de pinturas. En esta serie, una de mis preferidas junto con «Cabezas bidimensionales», los personajes humildes están sublimados y dignificados.

Canto de las Espigas (1939). Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Mallo utiliza un doble juego cromático: los rojos y amarillos luminosos se aplican a la tierra, junto a símbolos como la hoz y las espigas de trigo. El azul grisáceo es para el mar, representado también por elementos como redes y peces. Oro y plata, calor y frío para estas campesinas y pescadoras convertidas casi en diosas o sacerdotisas oferentes en total armonía con la naturaleza.

Figuras (1937). Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Cabezas bidimensionales

En el exilio americano, Maruja Mallo se reencuentra con viejos amigos como Pablo Neruda o Ramón Gómez de la Serna. Conoce a otros artistas españoles como Jorge de Oteiza o Luis Seoane. Refuerza su amistad con la poeta chilena Gabriela Mistral, quien facilitó su traslado a Buenos Aires cuando ejercía de cónsul en Lisboa tras haber desempeñado un cargo similar en Madrid.

En «Cabezas bidimensionales», la artista da rienda suelta a su interés por la geometría, la simetría, las proporciones, a la vez que explora la diversidad humana. Mujeres de distinto tono de piel, con ojos claros u oscuros, rasgos suaves o profundamente marcados, conforman esta bonita serie de retratos femeninos que exploran y celebran lo diferente.

Cabeza de mujer (probablemente Gabriela Mistral) (1940-1944).

Naturalezas vivas (1941-1944)

Aquí, Maruja Mallo trasciende el cuerpo femenino a través de imágenes de “plastificación de la flora y la fauna conjugadas». Los elementos animales y vegetales aparecen sexualizados, combinándose para formar composiciones enigmáticas que aluden a la corporeidad de la mujer.

Estas «Naturalezas vivas» recuerdan en cierta medida a algunos de los cuadros de la artista vanguardista norteamericana Giorgia O’Keeffe en los que las flores evocan la intimidad femenina.


Moradores del vacío (c. 1968-1980) y Viajeros del éter (1979-1982)

En estas últimas series deja volar de lleno su imaginación para trasladarse a nuevos mundos imaginarios. Aquí no reina ya la naturaleza conocida, aunque la geometría permanece para componer paisajes ultraterrenales y sujetos propios de la ciencia-ficción.

Y es que Maruja Mallo fue innovadora e inquieta hasta el final de su vida. Su personalidad singular, vital y creativa la hicieron merecedora de un lugar destacado en la historia del arte de vanguardia.

«Selvatro» (1979). Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Maruja Mallo en la colección permanente del Reina Sofía

Afortunadamente, aún cuando esta exposición temporal concluya, quedarán opciones para ver la obra de Maruja Mallo en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. En efecto, varias obras relevantes de la artista forman parte de la colección permanente del museo. Se pueden consultar en la web La Digital Del Reina.

Algunos de ellas son:


Además, a través del siguiente enlace se accede al elaborado catálogo de la exposición «Maruja Mallo. Máscara y compás»:

ACCESO AL CATÁLOGO ONLINE DE LA EXPOSICIÓN

Mapa de localización

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Calle de Sta. Isabel, 52, Centro, 28012 Madrid
Tfno: +34 917741000
museoreinasofia.es

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