Saint-Guilhem-le-Désert, tesoro patrimonial del Hérault
La carretera que lleva desde Montpéllier a Saint-Guilhem-le-Désert atraviesa un rotundo paisaje mediterráneo -extensos viñedos, olivos y cipreses- hasta alcanzar la garganta que a lo largo de tiempos geológicos el río Hérault, en su camino hacia el mar, ha generado en la roca caliza que tanto abunda en esta región. Atravesando de un lado a otro esta garganta –“gorge”, en francés- que crea un paisaje bello y agreste, aparece el “Pont du Diable”. Es uno de los puentes medievales más antiguos de Francia, que ya era utilizado por los peregrinos de la Edad Media. Desde allí, la carretera continua río arriba para, en menos de diez minutos, trasladarnos al destino del viaje, la pequeña localidad de Saint-Guilhem-le-Désert, un tesoro medieval de Occitania.
Considerado uno de los pueblos más bonitos de Francia, Saint-Guilhem-le-Désert es de lo más pintoresco. Exhibe su encanto y poderío histórico en medio de un paisaje natural apabullante. Junto con el Pont du Diable y otros lugares de Francia, está inscrito en el listado del Patrimonio Mundial de la UNESCO como parte relevante de las antiguas rutas jacobeas francesas.
ÍNDICE DE CONTENIDOS:
◎ Saint-Guilhem-le-Désert, tesoro patrimonial del Hérault
◎ Guilhem de Toulouse, el fundador
◎ Un pueblo occitano de trazado medieval
◎ La abadía benedictina de Gellone
◎ El castillo del Gigante
◎ El encanto de los pequeños detalles
Cómo llegar
Mapa
Guilhem de Toulouse, el fundador
Para comprender los orígenes de Saint-Guilhem-le-Désert hay que remontarse a principios del siglo IX. Fue entonces cuando Guillermo -ó Guilhem en lengua occitana-, conde de Tolosa (Toulouse), duque de Aquitania y primo de Carlomagno, decidió cambiar combates y batallas por una vida sosegada y más contemplativa. En el año 801, había conseguido una importante victoria liberando a Barcelona de la ocupación sarracena. Decidió, sin embargo, retirarse de la vida mundana e instalarse en la abadía de Aniane. Pocos años más tarde, abandonó el lugar y fundó él mismo a poca distancia una nueva abadía, la de Gellone, en un paraje aislado junto al río Hérault.
Cuando Guilhem murió en el año 812, pasó a ser el protagonista de un cantar de gesta, una de las epopeyas medievales que narraban las hazañas de personajes heroicos, lo que propagó la fama de la abadía. Al ser canonizado en 1066, la abadía tomó el nombre de abadía de Saint-Guilhem.
Además, la presencia en la abadía de una reliquia, donada por Carlomagno y proclamada como un fragmento de la verdadera cruz de Cristo, atrajo desde un principio la atención de numerosos fieles y peregrinos. Esta localidad remota se convertiría así a partir del siglo X en una etapa importante del camino hacia Santiago de Compostela. Desde allí, los peregrinos continuaban ruta a través de Toulouse y el posterior cruce de los Pirineos.
¿LO SABÍAS? El término “le-Désert” (el Desierto) que acompaña al nombre de este bonito pueblo no hace alusión a un desierto geográfico carente de agua. Al contrario, en este lugar situado junto al río Hérault abundan el frescor y el agua. Más bien evoca a los monjes que en el siglo IV poblaron los desiertos de Egipto y con los que comenzó a despuntar la vida monástica cristiana.
Un pueblo occitano de trazado medieval
Enclvado en el valle de Gellone, Saint-Guilhem-le-Désert ha preservado hasta nuestros días su trazado medieval. Desde la carretera, una calle principal estrecha asciende en dirección hacia el imponente circo geológico que domina el lugar, dejando atrás el curso del Hérault. Resulta, por tanto, difícil perderse en Saint-Guilhem-le-Désert, al que se ha denominado en ocasiones “pueblo-calle”. A ambos lados de esta vía principal se disponen los edificios de piedra, un material que integra aún más al pueblo con el entorno y que le ayuda a confundirse con la naturaleza que lo rodea.
Hay que deambular despacio, observando fachadas, recovecos, escaleras y pequeñas travesías que llevan a alguna calle lateral. Durante el paseo conviene dejarse impregnar por el aire puro y el frescor e imaginar que, tras cruzar el Puente del Diablo, por estas mismas calles caminaron hace mil años peregrinos movidos por la fuerza de su fe. Atravesaron campos, bosques y montañas para venerar a la Vera Cruz de Gellone antes de postrarse, muchos días más tarde y sorteando los peligros del camino, ante el santo compostelano.
La abadía benedictina de Gellone
Tras un recodo de la calle principal, aparece una visión que atrapa por su belleza. Recortada sobre el fondo del macizo calizo aparece la abadía benedictina de Gellone, con un pequeño huerto, un viñedo y sus formas armoniosas, clásicamente románicas. Hay que continuar hasta una original plaza rectangular en un alto, con bancos para sentarse a la sombra de los frondosos árboles, y descender a continuación a la Place de la Liberté, centro neurálgico de Saint-Guilhem-le-Désert.
Desde esta plaza, en cuyo centro se levanta un enorme ejemplar de plátano de sombra, una fachada austera da paso a la iglesia de la abadía. El interior es sencillo y sin excesos decorativos. Los domingos resuena el órgano dieciochesco durante la celebración de la misa semanal. Desde la iglesia se accede al claustro, un remanso de paz del que, desgraciadamente, faltan numerosas piezas originales.
SAINT-GUILHEM-LE-DÉSERT, DE OCCITANIA A NUEVA YORK: la abadía benedictina de Gellon sufrió saqueos en el transcurso de los siglos. Especialmente intensos fueron los sucedidos durante las guerras de religión francesas del siglo XVI, con los que comenzó el declive de la abadía. El marchante estadounidense George Gray Barnard consiguió reunir varios fragmentos desmantelados del claustro de la abadía de Gellon. Estos serían adquiridos posteriormente por el rico financiero John D. Rockefeller Jr, impulsor del icónico Rockefeller Center de Nueva York. En la actualidad, los fragmentos del claustro donados por Rockefeller se encuentran expuestos en “The Cloisters”, el anexo del Metropolitan Museum de Nueva York dedicado al arte románico y medieval.
El castillo del Gigante
Siguiendo el evocador «Chemin du Bout du Monde» – «Camino del Final del Mundo»-, se llega hasta el otro extremo del pueblo, desde el que se abren varios caminos y opciones de senderismo hacia el «Cirque de l’Infernet». De nuevo aparece señalizada la ruta del Camino de Santiago. Mirando hacia lo alto de la roca caliza tapizada de vegetación, que parece abrazar y proteger al pueblo, se perciben fragmentos -una puerta, un torreón- de una antigua construcción defensiva, que se mimetizan con la piedra natural. Son los restos del llamado “Château du Géant” – “Castillo del Gigante”- del que apenas se conservan datos históricos. No obstante, una leyenda cuenta que en el castillo habitaba un gigante que mantenía aterrorizados a los habitantes del pueblo. Estos pidieron ayuda a Guilhem, quién se disfrazó de sirvienta para llegar hasta el castillo. No olvidó llevar consigo su inseparable y certera espada “Joyeuse”.
Sin embargo, a mitad de camino una urraca reconoció a Guilhem y corrió a advertir al gigante. Este, convencido de su fuerza y su superioridad, abrió despreocupadamente la puerta de su castillo a Guilhem, quien luchó aguerridamente y consiguió doblegar al gigante, al que arrojó al precipicio desde lo alto de la fortaleza. Desde entonces, los habitantes quedaron tranquilos. La urraca huyó sin que ninguna otra de su especie volviera a ser vista en el valle del Gellon.
El encanto de los pequeños detalles
Más allá de su relevancia histórica y de las leyendas que lo rodean, Saint-Guilhem-le-Désert embelesa por los pequeños detalles que lo embellecen y le confieren un encanto especial. Una inscripción antigua sobre el marco de una puerta, un reloj de sol, la bien trabajada forja que decora un balcón, un visillo tejido a mano, una cruz de Occitania, los matices pardos de las fachadas, el sonido fresco del pequeño río Verdus que vierte en el Hérault o las originales tuberías de desagüe realizadas con cerámica procedente del vecino Saint Jean de Fos son sólo algunos de ellos.
"Comme l’eau du Verdus, la vie des hommes suit sa pente naturelle et coule vers le fleuve et vers la mer … la mer humaine et lointaine."
Max Rouquette, escritor en lengua occitana
Las flores adornan calles y ventanas, aportando un contrapunto de color a la piedra que reviste los edificios. Una antigua iglesia en la parte baja del pueblo hace hoy las veces de galería de arte. Fascinan las puertas adornadas con “cardabelle” o carlina, con su flor en forma de disco solar y sus hojas capaces de predecir la lluvia y las tormentas. Las pequeñas tiendas de productos regionales occitanos – mieles, mermeladas, “tapénade”- conviven con joyerías y perfumerías artesanales, talleres de figuritas de Belén y coquetos cafés.
Definitivamente, Saint-Guilhem-le-Désert bien vale una visita. Es uno de los lugares para marcar en el mapa durante un recorrido por la Occitania francesa. Por su historia, por su encanto y por la paz que allí se respira en medio de una naturaleza mediterránea exuberante.
Cómo llegar a Saint-Guilhem-le-Désert
◎ Saint-Guilhem-le-Désert se encuentra por carretera a unos 43 km de Montpéllier (ver ruta). Lo más cómodo es disponer de un vehículo privado. Existe también una línea de autobús directa, la nº 668, con un único horario diario de ida y otro de vuelta desde y hacia Montpéllier (ver información), así como cómodos tours organizados.
▪︎ TOUR ORGANIZADO de Montpéllier a Saint-Guilhem-le-Désert
◎ Si se viaja en vehículo propio, existe un pequeño aparcamiento de pago a la entrada del pueblo, junto al río Hérault. Pero, ojo, en temporada alta el acceso está prohibido, por lo que hay que dejar el vehículo antes de llegar al pueblo, en un aparcamiento cerca del «Pont-du-Diable». Desde allí parte una «navette»(lanzadera) que en menos de 10 minutos lleva a los visitantes hasta Saint-Guilhem-le-Désert (ver mapa).
Mapa
Saint-Guilhem-le-Désert
34150 Francia
Departamento del Hérault, Región de Occitania
NOTA: Dedicado a Carmen y Naina, los mejores anfitriones en Occitania con los que descubrí el pequeño gran tesoro que es Saint-Guilhem-le-Désert.
Seguir leyendo:
◉ Pont Du Gard, el gran acueducto de la Galia romana
◉ Aigues-Mortes, el puerto mediterráneo de San Luis
◉ Imagen y Palabra: la Abadía de Fontevraud
Sí alguna vez voy, me llevaré tú texto, para poder verlo con tus ojos y saber apreciar todas las maravillas que tú describes…. seguro que así lo disfruto mucho más, y con tanta pasión como tú.
¡Muchísimas gracias por tu comentario! A mí me pareció que este pueblo tiene un toque mágico. Podrías imaginarte en este mismo lugar pero hace muchos, muchos años. ¡Un abrazo viaero»