AETHERIA TRAVELS
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La tarde del eclipse
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12 de agosto de 2026, Lerma, Castilla y León

Confieso que no sabía qué esperar. Hacía días que el eclipse solar estaba en boca de todos, omnipresente en la prensa, las pantallas de televisión y las redes sociales. Pensé que podría tratarse de una exageración, por aquello de que hacía más de 100 años que no se observaba desde España un eclipse solar total. Tal vez la realidad me resultara decepcionante.

Afortunadamente y para mi sorpresa, no fue así. Habíamos recibido una invitación para ver el eclipse en vivo y en directo en tierras de Castilla y León, en la villa ducal de Lerma. Hacia allí emprendimos viaje en coche la tarde misma del eclipse solar. Íbamos con tiempo suficiente, o al menos eso creíamos hasta que nos topamos en la carretera con cientos de vehículos que seguramente se desplazaban con la misma intención: encontrar algún punto más al norte de Madrid capital para poder disfrutar del fenómeno astronómico en su totalidad. Recuerdo haber visto en ruta, sobre un alto junto a la carretera, a los pies de un enorme toro de Osborne, teleobjetivos y trípodes, perfectamente alineados, preparados con cuidado y antelación para captar el gran evento solar.

Lerma en la tarde del eclipse Solar

Conseguimos a pesar de los atascos llegar a Lerma a tiempo. Siempre me gusta fijarme, al llegar a esta ciudad castellana, en los remates picudos del antiguo palacio que domina la villa, hoy transformado en un muy recomendable Parador Nacional. Sin apenas tiempo que perder, nos unimos al grupo querido que nos esperaba y emprendimos camino a pie hacia una zona alta de los campos que rodean Lerma.

Nuestros anfitriones, Carmen y Leo, habían elegido esta localización con cuidado: desde allí arriba, la vista estaría despejada, tanto para ver el eclipse como para observar al acabar éste la puesta de sol, que según los expertos podía deparar algunas sorpresas y fenómenos visuales curiosos.

De camino al lugar de observación del eclipse

Mientras caminábamos hacia la loma, ya con mi cámara en mano, me detuve a hacer algunas fotos rápidas. El amarillo de los campos agostados y cosechados, un color que me encanta del verano castellano; los campos de girasoles, con las corolas que parecían iluminadas, atravesadas por los rayos de luz en esta hora de la tarde; un silo, testigo de otra época, macizo y rematando un gran campo adornado por las ondulaciones de los cultivos donde había crecido el trigo. Pensé por un momento que, aunque el eclipse me pudiera decepcionar, el paseo que acabábamos de dar ya valía por sí solo la pena.

Los girosales y sus corolas iluminadas por el sol de la tarde

Llegamos a un alto y nos acomodamos junto a unas pacas de paja que nos sirvieron de respaldo. El espectáculo apenas había comenzado. Había que sacar las gafas especiales, esas que estaban completamente agotadas en Madrid, pero que habíamos tenido la precaución de comprar con tiempo suficiente. Cada cual se puso las suyas. Miramos al principio al cielo con un poco de recelo, pero, ¡oh, era cierto!, a través de las gafas mágicas la esfera solar ya se veía incompleta. La luz de la tarde era diferente, como si un velo muy fino, apenas perceptible, hubiera ensombrecido sutilmente los campos en esa fase inicial del eclipse.

Carmen, Mariángeles, Alberto, Concha, Blanca, Leo, Carlos y Gabriel: juntos hemos tenido la suerte de ver el eclipse de sol del 2026

Mirando de tanto en cuando al sol, vimos como el disco que iba tapando su esfera era cada vez mayor. Me emocionó ver a tantas personas, de todas las edades, reunidas para contemplar un acontecimiento único. Una alineación astronómica singular que nos haría sentir pequeños en relación con un universo de dimensiones vertiginosas, pero fascinante, capaz de avivar la curiosidad de todos y de inquietar por su halo único y misterioso. Poco a poco se aproximaba el punto álgido, la totalidad del eclipse.

Emoción y misterio al ver el eclipse total de sol

Y sucedió, casi de repente. Un disco, el de la luna, se superpuso completamente al del sol. Rápidos, nos quitamos las gafas -sabíamos que podíamos hacerlo en ese momento-. La exclamación fue unánime y la emoción, compartida: el cielo había oscurecido y una corona de luz solar se reflejaba por detrás del disco lunar. «Se parece al ojo de Sauron», dijo Alberto en aquel momento. Era cierto, pensé, aunque esa imagen casi irreal evocó en mi otros recuerdos. Algún pasaje bíblico en el que el cielo oscurece durante un episodio estremecedor y un álbum de Tintín -El Templo del Sol-, en el que gracias al conocimiento de lo que es un eclipse de sol, el protagonista logra zafarse de los creen más en la superstición que en la ciencia

Los campos cambiaron de color durante el eclipse total

Dejé de lado esos pensamientos, no había tiempo que perder. Y es que la fase de totalidad no llegaría ni a los dos minutos de duración. Los campos se habían oscurecido, las tonalidades eran diferentes y el aire parecía algo más fresco. Quería intentar captar alguna foto, ahora que podía libremente enfocar, ajustar y disparar. El tiempo pasó más rápido que nunca y pronto tuvimos que volver a la protección de las gafas mientras la luna continuaba su paseo. Parecía pavonearse ante el sol, como si una vez cada muchos años, ella tuviera poder sobre él y le advirtiera: «Eres tú quien me iluminas habitualmente, pero recuerda que, de vez en cuando, yo puedo eclipsar tu brillo».

El sol en la porción final del eclipse

La tarde caía. Se acercaba la puesta del sol. Blanca nos hizo unas fotos divertidas con el sol brillante, el gran protagonista del día, a nuestras espaldas. Tan solo quedaba un bocado de luna en la parte izquierda de un sol que se había coloreado de un rosa irreal. Algunas franjas de tierra, asomando entre los girasoles, adoptaron un tono malva. Mientras descendía hacia la linea del horizonte, por la parte inferior de la esfera incandescente asomaron unas vetas grisáceas e irregulares.

El sol poniente, de rosa intenso y vetas grises

De la profundidad de la línea del horizonte surgieron unos destellos luminosos, Me costó verlo al principio, pero Carmen, Gabriel y Mariángeles me lo mostraron. Así era, una tenue niebla blanquecina, que parecía brillar con más fuerza en algunos puntos, se extendía sobre el perfil lejano de los montes. No conseguí captarlo con la cámara, ¡pero qué gran regalo visual nos hacían los cielos y la tierra!

Antes de que la noche cayera completamente, emprendimos el camino de regreso a Lerma mientras el cielo se teñía de morado. Satisfechos, emocionados, divertidos, compartimos una rica cena y vinos de la Ribera de Duero, agradecidos por haber sido testigos de un espectáculo tan bello como inusual. Pero el cielo no pensaba parar su actuación, les tocaba el turno a las estrellas: ¡era noche de perseidas, las fugaces lágrimas de San Lorenzo!

Para rematar el día, el cielo nos regaló toda una gama de morados

ALGUNOS DATOS DEL ECLIPSE SOLAR EN LERMA:

  • Tipo de eclipse: total (la luna tapa por completo el disco solar)
  • Inicio del eclipse: 19:33:57
  • Inicio de la totalidad: 20:28:57
  • Máximo: 20:29:50
  • Fin de la totalidad: 20:30:43
  • Fin del eclipse: con la puesta de sol a las 21:19:51

Fuente: astronomia.ign.es

...Y UNA NOTICIA INTERESANTE: al parecer el sol y la luna no nos harán esperar de nuevo 112 años para dejarnos ver su juego de alineaciones. El próximo año, en 2027, tendrá lugar en la mañana del 2 de agosto un nuevo eclipse solar total, visible en su totalidad desde el sur de Andalucía. Y en 2028 nos espera otro eclipse anular a principios de año: será el 26 de enero y la mejor visibilidad se conseguirá en Sevilla, Málaga, Murcia y Valencia.

Nota: gracias a Carmen y Leo por recibirnos en Lerma para ver el espectáculo del eclipse y a Carlos, Gabriel, Blanca, Mariángeles y Alberto por compartir una tarde emocionante y singular.


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