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Los veranos y el mar en la pintura de Sorolla
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Sorolla y el mar

Joaquín Sorolla Bastida nació en Valencia en 1863. Tras unas estancias en París y Asís, la progresión imparable de su carrera pictórica le hizo instalarse en 1889 en Madrid, donde realizó retratos de personajes ilustres. Adquirió así una buena posición económica y catapultó definitivamente su fama como pintor. Fue uno de esos artistas que triunfó en vida, que cosechó incontables éxitos en territorio español y fuera de sus fronteras. Pero Sorolla siempre añoró su Valencia natal y el Mediterráneo. Quién nace cerca del mar, siente necesidad de él. Quién crece arrullado por el sonido de las olas, quiere volver a ese runrún, a ese eterno retorno del agua marina que roza las rocas o la arena.

Niñas junto al mar (1909). Museo Sorolla de Madrid.

El mar de Valencia

Cuando llegaba la época más cálida de año, Sorolla y su familia hacían las maletas apuntándose a la nueva costumbre del veraneo. Era el tiempo de volver a Valencia, de pintar de nuevo en la playa de la Malvarrosa, de captar en directo las impresiones, los distintos matices y reflejos de la luz cálida, proyectada sobre la espuma marina, el azul Mediterráneo o el blanco impoluto de los parasoles de las damas.

Sacando la barca (1916). Colección particular.
Pescadores valencianos (1903). Diputació de Valencia.

También de retratar las velas de las embarcaciones saliendo a faenar, las pescadoras con sus cestas de mimbre, los juegos inocentes de los niños, desnudos, libres, saltando junto a las olas o buscando incansablemente conchas y pequeños animales marinos. Estos cuadros de los más pequeños, tan luminosos, transmiten despreocupación y alegría, ¡casi parecen oírse gritos de júbilo y risas al otro lado del lienzo!

Niños bañándose, Valencia. Sol de la tarde (1910). Colección privada Alberto Cortina.
Niños buscando marisco (1916). Colección Banco Santander.

En «Triste herencia», Sorolla también retrata en este ambiente de juegos junto al mar a los niños del Hospicio de San Jan de Dios de Valencia. En la versión final del cuadro, que se conserva en la Fundación Bancaja de Valencia, aparece junto a sus pupilos un religioso de la congregación. El niño impedido, el que no puede correr y saltar, mira a sus compañeros desde la orilla de la playa del Cabañal. Este cuadro, que resalta el valor social y curativo del mar, fue fundamental en la carrera de Sorolla: le valió el Grand Prix en la Exposición de París de 1900 y lo consagró como artista internacional.

Boceto para «Triste Herencia» (1899). Colección particular.

Jávea

Sorolla pinta también el Mediterráneo en Jávea. «Este es el sitio que soñé siempre, mar y montaña, pero ¡qué mar!», llegaría a exclamar. El contraste entre la roca abrupta y la línea de costa llama la atención del artista.

Rocas de Jávea y el bote blanco (1905). Colección Carmen Thyssen Bornemisza. En préstamos gratuito al Museo Carmen Thyssen de Málaga.

En una de las escenas, Sorolla pinta con pincelas muy libres a Clotilde García del Castillo, su esposa y musa, nadando sobre los reflejos de la luz amarilla que incide sobre el agua. Viste una larga túnica blanca y recuerda a uno de esos misteriosos personajes femeninos de las mitologías nórdicas.

Nadadora, Jávea (1905). Museo Sorolla, Madrid.

Los mares del norte

En paralelo a su auge social, el pintor comenzó a frecuentar otras playas, otros lugares de costa. San Sebastián, Zarautz o Biarritz son destinos de clase alta a los que acude la familia. Son veranos más pausados, elegantes, también menos brillantes y luminosos. Sorolla, incansable en su actividad pictórica, representa estos nuevos paisajes de mar.

Bajo el toldo, Biarritz (1906). Museo Sorolla, Madrid.
Contraluz, María en Biarritz (1906). Museo Sorolla, Madrid.

En sus cuadros de las playas del norte, sombreadas por las nubes, los azules grisáceos ganan protagonismo. La luz pierde el cálido tono anaranjado del Levante y se envuelve con un matiz más apagado. El contacto del veraneante con el agua, demasiado fría, se torna menos físico, más distante y contemplativo.

Playa de San Sebastián (1900). Museo Sorolla

En algunas ocasiones, el pincel de Sorolla se desata, al igual que las tormentas del Cantábrico. En una composición casi abstracta, con pinceladas certeras, recrea las turbulencias del agua y la espuma batida por el viento frente al rompeolas de San Sebastián con una gama cromática inusual, muy distinta a la de sus cuadros levantinos.

Paseo del rompeolas de San Sebastián en un día de tormenta (1906). Colección particular.

Estos conceptos se han recogido en una exposición de la Fundación Mapfre en torno a «Los Veranos de Sorolla«. La buena noticia es que, aún cuando finalice esta muestra temporal, varios de los cuadros exhibidos se podrán seguir contemplando en el precioso palacete que hoy hace las veces de Museo Sorolla en el paseo del General Martínez Campos. Promovido por Clotilde, la esposa del pintor, es uno de los museos más deliciosos de Madrid, con su coqueto jardín exterior y las armónicas salas que desprenden aromas de romanticismo. ¡Un lugar imperdible en cualquier recorrido artístico por esta gran ciudad!


Exposición "Los Veranos de Sorolla"

Fundación Mapfre - Sala Recoletos
📍P.º de Recoletos, 23, Centro, 28004 Madrid
Del 22/09/2023 al 07/01/2024
Algunos de los cuadros de la exposición localizados permanentemente en el Museo Sorolla de Madrid:

▪︎ Niñas en el mar (1909)
▪︎ Nadadora, Jávea (1905)
▪︎ Bajo el toldo, Biarritz (1906)
▪︎ Contraluz, María en Biarritz (1906)
▪︎ Playa de San Sebastián (1900)

Museo Sorolla 
📍 P.º del Gral. Martínez Campos, 37, Chamberí, 28010 Madrid
🌐 cultura.gob.es/msorolla

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