AETHERIA TRAVELS
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2023, mi año en viajes
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Otro año prolífico

El año 2023 toca a su fin. Como en ocasiones anteriores, quiero hacer un recopilación de los viajes que han ayudado a conformar los últimos 365 días. Me gusta hacer este repaso, recapitular los nuevos descubrimientos, volver a ver con nuevos ojos lo ya conocido, sentir que el año ha sido provechoso y darme cuenta de lo mucho que he aprendido.

Es también para mí una manera de recordar a los que me han acompañado en estas aventuras, de rendirles tributo, de agradecer su compañía y revivir mentalmente momentos y anécdotas compartidos. Es igualmente una ocasión de acercarme un poco más a vosotros, los que leéis pacientemente este blog de viajes con nombre de mujer de tiempos antiguos. Y pienso, mientras escribo, que ojalá lo aquí contado pueda servir de semilla e inspiración para vuestros próximos viajes.

Helechos del Jardim Tropical do Monte de Funchal

Almería y Cabo de Gata

El año empezó con un viaje improvisado a uno de mis lugares en el mundo: Almería y su Cabo de Gata. En el primer día de 2023, la carretera me llevó rumbo al sur y pude ver por primera vez los pueblitos blancos, las lomas volcánicas y el mar de Alborán en pleno invierno. Descubrí un amanecer con escarcha en estas tierras del sur y el placer de tomar un café en la playa de Las Negras abrigada con un anorak. Tuve tiempo también en este viaje relámpago de pasear una vez más por la duna fósil de Los Escullos y de disfrutar del aperitivo en una de las terrazas de la Isleta del Moro bajo el sol almeriense y un cielo intensamente azul.

Vistas de lujo para la segunda mañana del 2023
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Ibiza

El final de enero me llevó a otro lugar típicamente veraniego, a Ibiza. Quería descubrirla fuera de temporada, cuando la isla es de los isleños, cuando los atascos no existen, cuando la fiesta no es la protagonista y la naturaleza puede ser contemplada casi en soledad. Visité los lugares Patrimonio de la Humanidad de la isla: D’AltVila, ese gran bastión frente al Mediterráneo con palacetes, catedral y un atractivo entramado de callejuelas en cuesta, y los lugares fenicios, la necrópolis de Puig des Molins y el asentamiento de Sa Caleta.

El perfil de D’Alt Vila desde la Marina

Durante unos pocos días, descubrí calas, caminé hasta faros al borde del acantilado, vi el despertar de los almendros en el norte de la isla, disfruté de las iglesias tan blancas y de los pueblos del interior, visité alguna tienda alocada y probé los sabrosos platos locales. Saboreé la arquitectura, la casa de Erwin Broner o los edificios modernos y también blancos de Jean Nouvel, y averigüé que otro ilustre arquitecto, el catalán José Luis Sert, autor de los edificios de la Fundación Miró en Mallorca y Barcelona, reposa en un pequeño camposanto a las afueras de Ibiza capital. Por las tardes, en un lugar u otro de la costa, contemplé puestas de sol gloriosas. Sí, hay que visitar Ibiza fuera del verano para sentir con fuerza la esencia propia de la isla.

La iglesia fortificada del Puig de Missa en Santa Eulalia
Las primeras flores de almendro en Pla de Corona
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Medina del Campo (Valladolid)

A finales de febrero, cuando los almendros florecían en el Huerto del Francés del parque de El Retiro, el frío castellano aún cortaba la respiración. Fue entonces cuando visité Medina del Campo gracias a un viaje perfectamente organizado por Romel, autor del blog Viajes y Mapas, con apoyo del Ayuntamiento local. En compañía de la gran viajera que es Mónica de Cossio, pude explorar el imponente Castillo de la Mota y subir hasta lo alto de su torre con vistas.

El imponente Castillo de la Mota de Medina del Campo

Descubrí lo mucho que esta villa histórica ofrece a quien la quiera visitar: una Plaza Mayor de grandes dimensiones donde se celebraban en otros siglos ferias comerciales de renombre internacional, palacios e iglesias íntimamente unidos a la vida de grandes personajes femeninos como Isabel I de Castilla o Santa Teresa de Jesús, tradiciones centenarias y una gastronomía más que generosa regada por los mejores vinos verdejos.

Casas de la Plaza Mayor de Medina del Campo
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La Hiruela (Sierra del Rincón)

En el último día del invierno, visité La Hiruela, en la Sierra del Rincón madrileña, cercana en distancia y sin embargo desconocida para mí hasta ese momento. Una bonita ruta a pie entre robledales y antiguos molinos junto al río Jarama precedió a una riquísima y reconfortante comida en este pueblo de madera, olor a leña y piedra serrana. Fue un hito para Cúper, un primer viaje en coche fuera de Madrid en el que disfrutó de lo lindo correteando por los bosques y tomándose muy en serio su papel de vigilante de la manada humana pese a su pequeño tamaño.

El río Jarama en el límite de la Comunidad de Madrid y la provincia de Guadalajara
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Madeira

Llegó la Semana Santa. Tras una breve escala en Lisboa, el avión puso rumbo a un destino ansiado desde hacía décadas: Madeira, la pequeña isla portuguesa de vegetación exuberante. Durante este viaje en familia, recorrí carreteras sinuosas por las tierras altas y barrancos de esta isla casi vertical, contemplé el Atlántico en pueblitos pesqueros como Câmara de Lobos o Ribeira Brava, descubrí el norte abrupto de Porto Moniz y Ribeira da Janela, los bosques de laurisilva del corazón de la isla, las casas triangulares de Santana y la espectacular Península de São Lourenço, pelada y azotada por el viento.

La abrupta y bella orografía de Madeira
El puerto de Funchal desde el Jardín Botánico

Disfruté de la capital, Funchal, de su aire colonial y marítimo, de sus casas y palacetes de otros tiempos, del animado y atractivo Mercado dos Lavradores y del encanto decorativo de la calle Santa Catalina. Probé la poncha y el famosísimo vino de Madeira. Y, debo reconocerlo, me maravillaron los esplendorosos jardines, húmedos, exóticos y sumamente generosos en especies botánicas, formas y colores. ¡Una delicia para los sentidos!

Un rincón del Jardim Tropical Monte Palace
Flores del Jardim Tropical Monte Palace
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⚪️ Guía breve de Madeira: una isla en 15 palabras

⚪️ El vino de Madeira, una delicia atlántica

⚪️ La Rua Santa María y el arte urbano de Madeira

Córdoba (abril)

Hacia finales de abril, el AVE me llevó al sur. En cuanto llegué a Córdoba, me dirigí a conocer los patios del barrio de San Basilio, ¡espectaculares con sus macetas y sus flores de colores! También me fascinaron los del Palacio de Viana, cada uno con su encanto y estilo particular. Recorrí una vez más las estrechas calles de la judería y entré de nuevo en la sinagoga. Por primera vez, visité el Museo Julio Romero de Torres, elegante y decimonónico, y el Museo de Bellas Artes.

Un patio florido del barrio de San Basilio de Córdoba
Fuentes y flores del Alcázar de los Reyes Cristianos

Me acerqué a ver el Cristo de los Faroles, no sin antes comprar unas rosquillas exquisitas en el convento de las Capuchinas, y bajé hasta la Plaza de la Corredera, para mí más castellana que andaluza. En el Alcázar de los Reyes Cristianos, los jardines resplandecían y el sol de primavera se filtraba por los finos chorros de las fuentes. Al atardecer, cruzando el puente romano, Córdoba me regaló una puesta de sol esplendorosa reflejada en el Guadalquivir. Y al caer noche, un espectáculo de luz y sonido me mostró como nunca antes el Patio de los Naranjos, las columnatas bicolores y el altar mayor de la resplandeciente Mezquita-Catedral.

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⚪️ Los Patios de Córdoba: flores en el Barrio de San Basilio

El Escorial

Cúper necesitaba salir al campo. El coche nos llevó hasta El Escorial, un lugar que siempre me parece atractivo aunque lo haya visitado en numerosas ocasiones. Esta vez, subimos caminando monte arriba hasta la Silla de Felipe II. Allí encontré grabadas unas sensatas palabras de este rey ecologista:

"... y es lo que toca a la conservación de los montes y aumento de ellos que es mucho menester y creo que andan muy al cabo. Temo que los que vinieran después de nosotros han de tener mucha queja de que se las dejemos consumidas. Y plegue a Dios que no lo veamos en nuestros días..."

Palabras de Felipe II al Presidente del Consejo de Castilla en 1582

Aunque el resto del grupo se detuvo ahí, Cúper y yo continuamos un rato explorando camino arriba, arropados por las hojas y ramas de un bosque protector, al encuentro de flores de primavera, fuentes serranas y miradores abiertos al valle. Una comida deliciosa y un paseo junto al imponente Monasterio completaron un día feliz.

San Lorenzo del Escorial visto desde lo alto
Cúper explorador

Valencia (I)

En ese mismo mes, otro tren me llevó al este. Fueron dos días intensos para tomarle el pulso a Valencia, una ciudad primordial en este año viajero, como cuento un poco más adelante en este texto recopilatorio. Me reenconté con amigos, caminé casi sin descanso, me maravillé una vez más con la extraordinaria Lonja de la Seda y los mercados Central y de Colón. Permanecí largo rato con la mirada en alto hipnotizada por los frescos de la iglesia de Santo Tomás y San Felipe Neri, paseé por el barrio del Carmen, disfrutando de su doble faz, la clásica y la más canalla, subí al balcón del Ayuntamiento y contemplé los edificios modernistas de esta gran ciudad.

Los magníficos frescos de la iglesia de Santo Tomás y San Felipe Neri

Yuste, Trujillo, Guadalupe, Medellín y Cáceres

A mediados de mayo, cuando el calor aún no apretaba inclementemente, volví a Extremadura, una región que me va cautivando más con cada nueva visita. El viaje comenzó con un recorrido por el Monasterio de Yuste, que Carlos I hizo construir en un enclave de paz y sosiego para pasar allí sus últimos días. Siguieron una breve parada en el Cementerio de los Alemanes de Cuacos de Yuste, un lugar que encoge el corazón, y una comida ligera en el Parador de Jarandilla de la Vera antes de llegar a nuestra base para los siguientes días: Trujillo. Noble, rotunda, presidida en su Plaza Mayor por la estatua ecuestre de Francisco de Pizarro y custodiada por su castillo-fortaleza, esta villa ejerce un poder fascinante, el de transportar al visitante atrás en el tiempo, provocando la ilusión de haber vuelto a los tiempos de los primeros conquistadores españoles que partieron hacia América.

Palacio de los Chaves en la Plaza Mayor de Trujillo

Desde Trujillo, la carretera atravesó campos y montes para llegar hasta el Monasterio de Guadalupe, singular, grandioso, apabullante en obras de arte, estilos arquitectónicos y materiales nobles. ¡No sorprende que esta joya casi oculta en la Sierra de las Villuercas sea Patrimonio de la Humanidad! De ahí, a Medellín (Badajoz), la cuna de Hernán Cortés, que partió de este pequeño pueblo – con teatro romano y castillo árabe junto al cauce del Guadiana, eso sí- para liderar la conquista de México. Finalmente, volví a Cáceres, a su magnífico casco histórico medieval, tan bien conservado que me topé con varios rodajes de películas y series recreando escenas de épocas pasadas.

El patio del Monasterio de Guadalupe
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⚪️ El Cementerio de los Alemanes de Cuacos de Yuste

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Tubinga

Ya casi a finales de mes de mayo, algunos asuntos de trabajo me llevaron a Alemania. Tübingen o Tubinga, situada a unos 40 kilómetros de Stuttgart, es ciudad de larga tradición universitaria, construida a orillas del río Necker. Por Tübingen pasaron ilustres escritores alemanes, como Goëthe o Hermann Hesse. La ciudad posee un casco histórico encantador. Tras pasear por plazoletas con fuentes y casas de colores y subir hasta el castillo «schloss» Hohentübingen, me detuve un rato en la Plaza del Mercado para observar todos los detalles del edificio del Ayuntamiento del siglo XV. Al caer la tarde, fue un disfrute sentarse a apurar los rayos de sol en un café a orillas del río, viendo pasar las típicas embarcaciones de madera o stocherkahn.

Vista de los tejados de Tübingen desde el castillo
Detalles de la fachada del Ayuntamiento de Tubinga

Glasgow

En junio viajé a Escocia. Conocí la ciudad de Glasgow, a menudo eclipsada por su vecina Edimburgo. Esta ciudad industrial a orillas del río Clyde, ahora actualizada y renovada, me deparó una sorpresa agradable. Descubrí en ella atractivos varios: la Catedral de San Mungo, la gran necrópolis victoriana del siglo XIX, el polifacético Museo Kelvingrove o la sede de la varias veces centenaria universidad de Glasgow.

También pude recorrer una buena parte de la ruta de murales de arte urbano de la ciudad y contemplar edificios de renombrados arquitectos británicos como Norman Foster o Zaha Hadid. Todo ello sin olvidar los acogedores pubs -siempre me hacen gracia sus nombres relacionados con animales que hacen cosas curiosas, como «El Caballo que brilla» o «El mono y el tambor», – donde cenar un plato reconfortante acompañado de una pinta de cerveza.

Mural representando uno de los milagros de San Mungo, patrón de Glasgow
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⚪️ Imagen y Palabra: Saint Mungo en Glasgow

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Belgrado

Y llegó el verano. El primer día de julio puse rumbo a Serbia, un país totalmente desconocido para mí. En esta época del año, Belgrado resultó ser una ciudad de lo más agradable y ecléctica, con su mezcolanza extraña de elegantes edificios decimonónicos y construcciones rectilíneas y sobrias de la época soviética. Recorrí la animada calle peatonal Kneza Mihaila, llegué hasta la fortaleza y parque de Kalemagdan y desde allí contemplé al atardecer cómo el Sava se vierte en el Danubio con el barrio brutalista de Novi Beograd como telón de fondo. Visité el imponente templo de San Sava, una de las iglesias ortodoxas más grandes del mundo, y me maravillé con su decoración de tonos dorados.

La calle peatonal Kneza Mihaila

Llegar caminando por la orilla del Danubio hasta el barrio periférico de Zemun fue como aparecer de repente en lo que en otros tiempos fue el imperio austro-húngaro. Otro atractivo del viaje fue descubrir la variada oferta gastronómica de esta animada capital balcánica, desde un sencillo café en uno de los splavovi o barcos flotantes a ofertas mucho más sofisticadas.

El deslumbrante interior de San Sava

Hubo tiempo también para una excursión hasta uno de los grandes bastiones defensivos del Danubio, la fortaleza de Golubac, en la frontera con Rumanía y a la entrada de las antaño temidas Puertas de Hierro. Fue fascinante recorrer ese castillo defensivo centroeuropeo en el no hubiese resultado extraño ver aparecer el mismísimo Vald Drácula en cualquier recodo de la fortalzeza.

La fortaleza de Golubac a la entrada de las Puertas de Hierro del río Danubio
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⚪️ Ruta por las huellas del Belgrado comunista

⚪️ Guía práctica de Belgrado, la capital de Serbia

⚪️ Fortaleza de Golubac y Lepenski-Vir, una excursión al este de Serbia

Valencia (II)

A mediados de julio, otra escapada breve me mostró algunos lugares nuevos de Valencia, ciudad tan importante para mí en el año que ahora termina. Visité el barrio de Ruzafa, convertido en una de las zonas de ocio alternativo de Valencia, y monumentos testigo de la época medieval, como las Reales Atarazanas o la Iglesia de Santa María del Mar en El Grao. Escudriñé los detalles de las casitas del Cabanyal-Cañamelar, paseé por La Marina y descubrí por fin el magnífico interior de mi adorado Palacio del Marques de Dos Aguas, joya del rococó. Desde una barca contemplé los encantos de la Albufera al atardecer, cuando el sol anaranjado se esconde tras la línea del horizonte y las aves acuáticas sobrevuelan las aguas tranquilas de este gran humedal valenciano.

Atardecer en La Albufera de Valencia
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Sur de Francia (agosto)

Llegaron las vacaciones de verano. Fue el momento ideal para emprender un viaje por carretera, un road trip como se suele decir ahora, por el siempre atractivo sur de Francia. La primera parada fue Collioure, pueblo con color y encanto en la Costa Bermeja en cuyo cementerio reposa el gran poeta Antonio Machado. Después fue el turno del legado romano: el Pont-du-Gard, poderoso y armónico puente-acueducto, y la ciudad de Nîmes, luminosa con sus edificios de suave color calizo contrastados con puertas y contraventanas de un azul grisáceo.

El Pont du Gard es el puente romano más alto que se conoce

Con base en Saint-Rémy-de-Provence, cuna de Nostradamus y lugar de convalecencia de Van Gogh, visité la cercana ciudad romana de Glanum, algunos pueblos del Luberon provenzal -Gordes, Roussillon-, el gran teatro romano de Orange y la ciudad papal de Aviñón. De camino hacia la región de Occitania, paseé por Arles, donde vi LUMA, una de las más recientes creaciones arquitectónicas de Frank Gehry, y recorrí el perímetro amurallado de Aigues-Mortes, la ciudad que San Luis de Francia mandó construir como salida al Mediterráneo y que está rodeada de alucinantes salinas de color rosa.

Roussillon, el precioso pueblo ocre del Luberon

Ya en el País Cátaro, recorrí las calles y murallas de Carcasona, visité el pueblo de Minerve, navegué por un corto tramo del Canal du Midi y probé algunos de los vinos locales del Minervois. Tras una pequeña ruta al pie de los inaccesibles castillos cátaros -Montségur, Puilaurens, Quéribus, Peyrepertuse, Aguilar-, que cuelgan de las rocas y peñascos más imposibles, tocó cruzar de nuevo la frontera de vuelta a casa.

El pueblo cátaro de Minerve
Flores amarillas en Minerve
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⚪️ Pont Du Gard, el gran acueducto de la Galia romana

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⚪️ Arquitectura: de viaje con Frank Gehry

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Barcelona

Una corta parada en Barcelona antes de volver desde Francia a Madrid, me permitió cumplir una cita pendiente. Visitar la Fundación Miró Barcelona tras haber conocido la Fundación Miró Mallorca un par de años antes. Me gustó el contenido que vi, pero no más que el continente, el edificio creado por José Luis Sert.

La arquitectura de Sert en la Fundación Miró Barcelona

Desde Montjuic pude contemplar vistas fabulosas de Barcelona y en el Puerto Olímpico descubrí otra obra de Gehry, la escultura del pez, un animal por el que el arquitecto siente cierta fascinación.

La escultura del Pez Olímpico de Frank Gehry
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⚪️ Arquitectura: de viaje con Frank Gehry

Valsaín-La Granja (Segovia)

Otra excursión del mes de agosto fue a Valsaín y a La Granja, uno de mis planes favoritos para una escapada rápida desde Madrid. Me gusta pasear por los bosques que rodean al río Eresma. Aquí Cúper volvió a ser feliz, observando los pequeños saltos de agua y mojando sus patas para aliviarse del calor del verano. A una sabrosa comida en La Granja, localidad que siempre me fascina por sus matices elegantes e históricos, siguió un sosegado paseo por ese jardín-bosque que rodea al Palacio que construyó Felipe V cuando echaba de menos su Versalles francés. ¡Qué belleza de fuentes adornadas por tantos personajes mitológicos en medio del paisaje segoviano!

Las fuentes mitológicas adornan los jardines de La Granja

Chaves (Portugal) y la Ribeira Sacra

Agosto también me llevó al norte, a Galicia, al igual que en los dos años anteriores. Hice noche en Verín, desde donde me acerqué a Portugal, a la región de Tras-os-Montes, para conocer la ciudad romana y balnearia de Chaves, cuyas calles en cuesta conducen a iglesias decoradas con azulejos y una maciza torre-fortaleza.

Puente romano de Chaves sobre el río Támega

De ahí, rumbo a la Ribeira Sacra, que me cautivó por sus vistas abruptas al Sil, por la viticultura heroica en terrenos rayanos a la verticalidad, por su monasterio de Santo Estevo, hoy Parador Nacional, donde tuve la suerte de alojarme, y por otros monasterios misteriosos como San Pedro de Roca o Santa Cristina de Ribas de Sil. Disfruté también de pueblos como Castro Caldelas, que recuperan con arte urbano la esencia local, y de los muchos miradores colgados al borde mismo del abismo. Entre frondosidades y helechos, me cautivó la magia de la Ribeira Sacra.

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⚪️ Arte urbano en la Ribeira Sacra: un tributo a la tradición

⚪️ Qué ver en Chaves, la ciudad romana termal de Trás-Os-Montes

Cáparra y Zarza de Granadilla

Agosto aún habría de deparar una sorpresa más. Una nueva escapada exprés a Extremadura, muy cerca de Plasencia, para visitar bajo el sol ardiente la pequeña e interesante ciudad romana de Cáparra, que formó parte de la antigua provincia de Lusitania. La recompensa al paseo bajo el sol vino en forma de menú de degustación en el restaurante «Versátil» de Zarza de Granadilla, un establecimiento reconocido y galardonado pero que sigue conservando su sencillez y naturalidad.

El arco de la ciudad romana de Cáparra
Olivos junto a las ruinas de Cáparra

Almagro

Hacia finales de septiembre, un alegre acontecimiento familiar me llevó hasta Almagro, un lugar al que siempre me gusta volver. Me interesan el Corral de Comedias, las iglesias (esta vez pude subir al campanario de la de San Agustín y admirar las vistas sobre la Plaza Mayor y sus características casas pintadas en verde), los palacios, las rejas de forja de las ventanas, la estatua de Diego de Almagro y las tradiciones artesanales, como la repostería y el delicado encaje de bolillos.

Casas típicas del la Plaza Mayor de Almagro

También me acerqué a ver el antiguo silo de cereal, recuperado como centro cultural y mirador, decorado por sus cuatro caras con un gran mural de arte urbano relacionado con Almagro y su célebre festival de teatro.

El silo de Almagro recuperado con murales de arte urbano
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⚪️ El silo de Almagro, arte urbano en La Mancha

Panamá (octubre)

El 12 de octubre, día de fiesta nacional, crucé el Atlántico por primera vez en el año. En esta ocasión hacia un destino nuevo: Panamá. Cuando el avión iniciaba su maniobra de aterrizaje en Ciudad de Panamá, me sorprendieron a través de la ventanilla el bosque de rascacielos verticales al borde del Pacífico y la larga fila de cargueros que hacía cola en el océano para entrar al canal de Panamá rumbo al Atlántico. Mi habitación de hotel en una planta alta me regaló a diario magníficas vistas a las ciudad, a sus avenidas centrales y a sus torres.

Una habitación con vistas a la Ciudad de Panamá

Descubrí una ciudad de contrastes. Me enamoré de las ruinas de lo que fue la Ciudad Vieja de Panamá, el núcleo fundacional de esta urbe, y del irresistible encanto del Casco Histórico, repleto de edificios coloniales remozados, iglesias resplandecientes, restaurantes modernos en caserones antiguos, rooftops y las magníficas vistas del mirador de Francia. De nuevo apareció Frank Gehry -una constante en los últimos viajes-, esta vez con su Biomuseo, inusitadamente colorido y emplazado en la fina y alargada Calzada de Amador.

Las paradisiacas Islas San Blas en el caribe panameño

Comprendí que en Panamá la vegetación es potente y lo recubre todo a menos que intervenga la mano humana. Así lo comprobé al subir a pie al Cerro Ancón, durante la navegación por la reserva tropical de Gamboa y el Lago Gatún y durante el trayecto hacia las idílicas Islas San Blas, de aguas turquesas y cristalinas. También en los antiguos fuertes españoles del Caribe panameño de San Lorenzo del Real de Chagres o de Portobelo, una localidad que combina de la manera más curiosa y la tradición española con la afroantillana. Panamá es relativamente pequeña en extensión, pero su localización y tradiciones hacen de ella un destino de lo más sugerente al que espero poder volver.

Un mono capuchino a orillas del Lago Gatún
Antiguo fuerte estapñol de Santiago en Portobelo
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⚪️ Cristo Negro de Portobelo, tradición y leyenda de Panamá

⚪️ Imagen y Palabra: El barco de las islas San Blás (Panamá)

⚪️ Arquitectura: de viaje con Frank Gehry

San Pedro de Atacama y Antofagasta (Chile)

Llegó el último día de noviembre y con él un nuevo cruce del Atlántico, el sexto salto a Chile, ese país donde siempre consigo sentirme como en casa. Sería el último gran viaje de este 2023 que ya finaliza. Tras el largo vuelo a Santiago de Chile, enlacé hacia el aeropuerto de Calama en el norte de este país tan alargado. No era la primera vez que me dirigía hacia allí, pero mi interés y curiosidad seguían intactos.

La carretera hacia San Pedro de Atacama me recordó la intensa belleza de un viaje anterior. En este, repetiría algunas experiencias, pero también descubriría otras nuevas, como bañarme en la laguna salada de Céjar, recorrer los senderos altiplánicos que llevan al mirador de Piedras Rojas en el Salar de Tara, ascender por la Púkara de Quitor, el pueblo originario que asaltaron Pedro de Valdivia y sus tropas en su camino hacia lo que más tarde sería Santiago, o contemplar al anochecer el cielo de Atacama cuajado de estrellas.

La alucinante paleta de colores del Salar de Tara en el Desierto de Atacama

Desde Atacama, la carretera me llevó hasta Antofagasta, la Perla del Norte de Chile, a través de un desierto inclemente, donde no crece lo vegetal, salpicado de minas y de los restos de las antiguas oficinas salitreras. Antofagasta me recibió con su océano y sus picos terrosos, mostrándome sus mayores atractivos, como el compacto casco histórico de influencia británica, las Ruinas de Huanchaca o el fotogénico monumento natural de La Portada. Hubo tiempo de hacer excursiones al cercano pueblo costero de Mejillones o a la sorprendente Mano del Desierto, enorme o pequeña según el referente que tomemos. Esta singular escultura apunta con sus dedos largos al azul celeste de día y a una multitud de estrellas y constelaciones cuando la noche cae sobre la inmensidad del desierto.

Acantilados junto al Monumento Natural La Portada de Antofagasta
El monumento natural La Portada con la ciudad de Antofagasta al fondo
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⚪️ Desierto de Atacama: la leyenda de Licancabur y Kimal

⚪️ El Cementerio de los Apestados y las ruinas salitreras de Antofagasta

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El 2023 ha sido un año prolífico en viajes literarios, un año diferente, que ha abierto para mí un nuevo universo relacionado con la escritura. Durante varios meses, preparé los textos que habrían de acompañar las bonitas acuarelas de viaje de Zacarías Cerezo Ortín sobre la ciudad de Valencia, una de mis favoritas de nuestra geografía. Una colaboración con Anaya Touring para su línea editorial de Guías Singulares, una apuesta por parte de la editorial, un reto aceptado con humildad e ilusión por mi parte, que me ha hecho pasar largos ratos de investigación y disfrute estético.

🟡 Anaya Touring, Guías Singulares: Valencia, Acuarelas de Viaje

Con Anaya Touring he podido colaborar también en este 2023 con dos fotografías para el libro Metro Trips escrito por Sergio Moreno Ramos. Son imágenes del icónico tótem de la estación de Cuatro Caminos del gran arquitecto Antonio Palacios y el mural sobre Paco de Lucía realizado por los artistas Okuda y Rosh333. ¡Ojalá esta colaboración nos traiga más sorpresas en 2024!

🟡 Anaya Touring, Guías Singulares: Metro Trips

Durante este año también he mantenido el gran honor de seguir colaborando con mi querida Yukali Página Literaria a través de la sección Imagen y Palabra (¡gracias, Manuel!) y con la preciosa y delicada revista Yukali Poesía, que ya va por su tercer volumen (¡gracias, Ana!).

Por su parte, el blog de Aetheria Travels ha comenzado con una nueva serie de Postales de viaje escritas y enviadas por Manuel Cardeñas Aguirre desde distintos lugares de Europa. ¡Estad atentos para saber desde dónde llegarán las próximas!

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⚪️ Postales

En definitiva, el 2023 ha vuelto a ser un intenso año viajero, sí, pero también ha supuesto un punto de inflexión en el que mi compromiso con la escritura y la ilustración fotográfica se ha visto reforzado con ilusión creciente.


Cualquier viaje se disfruta con salud y, preferentemente, en buena compañía. Y esto es precisamente lo que os deseo a vosotros, mis queridos lectores del blog, en este nuevo año que comienza. ¡Gracias por estar ahí, al otro lado de la pantalla! ¡Que el 2024 sea un año feliz!


Mapa de viajes de 2023


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(más inspiración viajera)

(2) Comentarios

  1. Ángeles says:

    Hay vidas más ligeras que tú año…y, además, al leerte a veces siento que yo también lo estoy visitando, porque un poco es así. Gracias por hacerme viajar con tu blog

    1. ¡Gracias a ti por leerme y por acompañarme siempre, de una manera u otra, en estas aventuras viajeras! ¡Feliz Año Nuevo!

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