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Frontón Beti Jai, el secreto madrileño de la pelota vasca
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Beti Jai, escondido en el barrio de Almagro

Al pasear por el elegante barrio madrileño de Almagro, nada hace sospechar que detrás de la fachada de uno de sus edificios señoriales se esconde lo que en su día fue un aclamado frontón de pelota vasca. Sin embargo, si nos detenemos ante el nº 8 de la calle Marqués de Riscal y levantamos la vista, veremos en lo alto del edificio de enfrente, el nº 7, un rótulo que dice «Beti Jai». Estas dos palabras significan en euskera «Siempre Fiesta», en alusión al espacio de juego y diversión que allí se levantó a finales del siglo XIX.

La fachada de Marqués de Riscal nº 7 con el rótulo Beti Jai

Fue en el año 1894 cuando se construyó el frontón Beti Jai de pelota vasca, un amplio espacio con capacidad para cuatro mil espectadores. En aquel momento, el edifico neomudéjar de ladrillo que contiene el campo de juego estaba separado del resto de edificaciones y podía contemplarse con perspectiva desde la calle Almagro. Hoy, este espacio está integrado en el corazón de la manzana delimitada por las calles Marqués de Riscal, Fortuny, Jenner y Monte Esquinza.

Los capiteles de la fachada exterior de Beti Jai incluyen una cesta-punta y tres pelotas

El auge de la pelota vasca

La reina María Cristina, segunda esposa de Alfonso XII y madre del heredero Alfonso XIII, huye del calor del verano madrileño. En San Sebastián encuentra el clima que le es más propicio. Allí asiste, junto a su hijo, su corte, la aristocracia y la burguesía adinerada, a competiciones de pelota vasca, lo que contribuye a dar una amplia difusión a este deporte, considerado por muchos como el más rápido del mundo. En el segundo tercio del siglo XIX, la pelota vasca se convierte en un pasatiempo de moda, refinado y lujoso, que se va popularizando también con el paso de los años. Llegó a ser designada deporte oficial en las Olimpiadas de París del año 1900.

El portón que da acceso a Beti Jai desde la calle a menudo pasa desapercibido

Aunque los más puristas quieren que los frontones permanezcan en el entorno vasco, los empresarios avispados ven rápidamente oportunidades de negocio. Durante las partidas se promueven las apuestas. Todo un negocio de ocio se pone en marcha en torno a la pelota vasca. Se abren frontones en todo el mundo, desde La Habana a Buenos Aires, desde Miami a la lejana China. Cada uno de ellos respeta el esquema del campo de juego, pero adorna con sus estilos propios la arquitectura exterior.

La fachada posterior de las gradas es de estilo neomudéjar

Frontones de pelota vasca para Madrid

En Madrid se abrieron también un gran número de frontones, como el Jai Alai (1891), en la calle Alfonso XII, o el Fiesta Alegre (1892), en la calle Marqués de Urquijo. El frontón Recoletos (1936), construido en la calle Villanueva, fue obra del arquitecto Secundino Zuazo -autor de los Nuevos Ministerios- y del ingeniero Eduardo Torroja. En la calle Doctor Cortezo, junto al precioso Cine Ideal, el frontón Madrid (1929), abrió sus puertas a las mujeres. Junto al Nuevo Jai Alai (1922), obra de Joaquín Otamendi, el estrecho colaborador del gran Antonio Palacios, estos son sólo algunos de los frontones que surgieron en Madrid a finales del siglo XIX y principios del XX. De todos ellos, sólo el Beti Jai pudo desafiar las vicisitudes del tiempo y de las circunstancias para llegar hasta nuestros días.

Vista del graderío desde el terreno de juego

Beti Jai, deporte y elegancia

Beti Jai comenzó a construirse en Madrid en 1893 por iniciativa del empresario taurino y promotor de espectáculos vasco José Arana (1839-1908). Fue artífice de la Semana Grande de San Sebastián y llegó a dirigir durante cinco temporadas el Teatro Real de Madrid. Fue un hombre popular, cuyo mausoleo fue diseñado por su amigo Mariano Benlliure. El proyecto del frontón fue encargado al arquitecto cántabro Joaquín de Rucoba (1844-1919), quien ya había llevado a cabo la construcción de un frontón similar en San Sebastián. Rucoba fue también autor de edificios tan representativos como el Ayuntamiento o el Teatro Arriaga de Bilbao. O del llamativo Mercado de Atarazanas de Málaga y de la plaza de toros de la Malagueta, que tanto marcó la infancia y la obra de Pablo Picasso.

El interior del frontón Beti Jai resulta tremendamente atractivo por su estética elegante y liviana. Los diferentes pisos de gradas dan sensación de ligereza a pesar de su gran longitud. Las columnas en blanco y rojizo y las barandillas ornamentadas son, junto a obras como el Palacio de Cristal del Parque de El Retiro, bellos ejemplos de la arquitectura del hierro en Madrid. La cubierta voladiza, protege y contrasta con su hechura de madera.

Si se mira el conjunto desde el terreno de juego, predomina la sensación de amplitud – cierto es que este frontón tiene una longitud superior en unos diez metros a la medida estándar. Contribuye también a aumentar la sensación de espacio la disposición curvada y fluiida del graderío, que carece de ángulos rectos.

Si en un extremo del terreno de juego se levantan los palcos, en el otro aparece la fachada interior del edificio anexo al frontón. En él se alojaban los pelotaris cuando disputaban alguna temporada de juego en el frontón. En su fachada exterior que da a Marqués de Riscal, se pueden observar capiteles oscuros decorados con elementos del juego: una cesta-punta y tres pelotas. También se ven medallones decorativos con un anagrama compuesto por las letras A, U y C, como mención a la empresa de Arana, Unibaso y Compañía, propiedad de José Arana.


Un frontón histórico abierto para todos

En 2024 se cumplen 130 años de la inauguración del frontón Beti Jai. Para llegar hasta nuestros días, el frontón pasó por numerosas vicisitudes tras su cierre definitivo en 1918. Después de la primera guerra mundial, disminuyó el interés por las apuestas. Además, otro deporte, el fútbol, ganaba terreno con mucha fuerza. El frontón fue entonces utilizado como taller mecánico o taller de escayola. Fue objeto también de planes inmobiliarios malogrados. Poco a poco este espacio tan vivo en otros tiempos fue cayendo en un profundo deterioro. Finalmente, al comprobarse su estado de degradación y tras el movimiento impulsado por uno de los vecinos del barrio de Almagro, el Ayuntamiento de Madrid expropió los terrenos para hacerse cargo en 2015 de esta joya arquitectónica histórica. Se procedió a una restauración cuidadosa y documentada que concluyó en 2019.

El interior del edificio anexo a través de una ventana de la fachada neomudéjar

Desde entonces, el frontón Beti Jai ha estado abierto al público. Inicialmente, a través del acertado programa de visitas guiadas Pasea Madrid (Ayuntamiento de Madrid) a las que se accede reservando en su página web en fechas muy determinadas. La buena noticia es que a partir del segundo trimestre de 2024 Beti Jai abre también sus puertas para visitas libres, aunque de duración restringida. Será una buena manera de dar a conocer mejor y revalorizar este precioso frontón de juego decimonónico, que forma parte del patrimonio de Madrid.


Frontón Beti Jai
📍C. del Marqués del Riscal, 7, Chamberí, 28010 Madrid
🌐 frontonbetijai.es 
🌐 Pasea Madrid (visitas guiadas organizadas por el Ayuntamiento de Madrid) - Consultar la web para comprobar fechas de reserva de visitas.

Nota: mi agradecimiento a Pasea Madrid por la excelente calidad de la visita y una mención especial a Santiago, historiador del arte y guía, por sus conocimientos y su entusiasmo contagioso.


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