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Castillo de Clos-Lucé: el último refugio de Leonardo

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Francia

Castillo de Clos-Lucé: el último refugio de Leonardo

«Los detalles hacen la perfección, pero la perfección no es un detalle»

Leonardo Da Vinci


La invitación de Francisco I

Corre el otoño de 1516 cuando Leonardo da Vinci decide aceptar la invitación de Francisco I, rey de Francia, para instalarse en Amboise. El joven rey es intrépido y caprichoso, pero a la vez un amante apasionado de las artes y un admirador incondicional del genio toscano. La madre de Francisco, Luisa de Saboya, apoya con entusiasmo la iniciativa de su hijo.

Leonardo ya ha traspasado la sesentena. Sabe que el viaje es duro, y quizás sin retorno. Aún así, Leonardo decide dejar atrás los sinsabores de los últimos años y los desplantes sufridos por el Papa León X, más inclinado hacia otros artistas como Miguel Ángel o Rafael. Escoltado por los hombres de Francisco y acompañado por algunos de sus pupilos, Leonardo emprende ruta a través de los Alpes hacia las tierras del Loira. Lleva con él el retrato de Lisa Gherardini, la Gioconda o Mona Lisa, comenzado años atrás y en el que seguirá trabajando durante su estancia en Francia. Dos obras más le acompañan en su camino a Francia: La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana y el San Juan Bautista.

Tras un viaje de tres meses, el rey instala a Leonardo en el “château” de Clos-Lucé, apenas a un centenar de metros del Castillo Real de Amboise. En este lugar se reunirán con frecuencia dos de los personajes más influyentes del Renacimiento temprano. Un pasadizo secreto une el Clos-Lucé con el Castillo Real: Francisco I lo utilizará a menudo para visitar a Leonardo.

Una casa solariega del Renacimiento

Más que un castillo o palacio, el Clos-Lucé es en realidad una gran casa solariega renacentista. Inicialmente conocido como el Château des Cloux, era una propiedad medieval casi en ruinas cuando fue reconstruida en 1471 por Etienne Le Loup, consejero del rey Luis XI. El edificio se levantó en torno a una torre de planta octogonal conservada de la construcción original. La fachada, típica del siglo XV, combina el ladrillo rosa y la piedra caliza, utilizada también para los ornamentos exteriores de puertas y ventanas.

En 1490, Ana de Bretaña recibió la propiedad de manos de su esposo, el rey Carlos VIII de Francia. La antigua mansión fortificada se transformó entonces en un lugar de recreo real. Allí, el joven duque de Angulema, el futuro rey Francisco I, pasó largas temporadas.

El legado real

Hoy en día, una entrada rematada por un arco en el muro fortificado da acceso al Château del Clos-Lucé por el nº2 de la calle del mismo nombre. La visita comienza con un corto recorrido por el camino de ronda del muro fortificado exterior, que termina en una atalaya de techo puntiagudo. Es uno de los pocos elementos del conjunto que nos remite a la época medieval.

Se accede a continuación al edificio principal, ya de estilo renacentista. En el interior se conserva la cámara de Margarita de Navarra, la hermana mayor de Francisco. Mujer culta y avanzada a su tiempo, escribió el Heptamerón, basado en el Decamerón de Boccacio, pero invirtiendo el papel de hombres y mujeres, ya que en la obra de Margarita son éstas las que se mofan de aquéllos. También se puede visitar el oratorio que Carlos VIII construyó para que Ana de Bretaña pudiera llorar a los muchos hijos que perdió. Levantado en piedra caliza, está decorado con un fresco de la Anunciación realizado por los discípulos de Leonardo.

El universo de Leonardo

En el Clos-Lucé se conserva el dormitorio de Leonardo da Vinci: una gran pieza con cama de dosel y lienzos de terciopelo rojizo, una gran chimenea y una sobria mesa de madera oscura. La habitación está iluminada por la luz de las ventanas que se abren hacia el Castillo de Amboise.

También se visitan la gran sala renacentista, donde Leonardo recibía a nobles y artistas que le visitaban, el taller de pintura, el espacio de trabajo y la biblioteca, austera y propicia al estudio. En la gran cocina de la casa, Mathurine, una joven lugareña, preparaba con esmero la comida de Leonardo, que se decantaba por una alimentación vegetariana.

En el piso inferior se expone una muestra de la inagotable reatividad de Leonardo. Son 40 prototipos de ingenios bélicos, proyectos hidraúlicos, diseños urbanísticos o máquinas voladoras, nacidos de la prolífica mente inventiva del sabio.

El Parque

Las casa solariega está rodeada por un frondoso parque de 7 hectáreas que atraviesa el Amasse, un afluente del Loira. Este bello y cuidado espacio verde está salpicado de curiosidades y elementos singulares: un palomar del siglo XV mandado construir por Étienne Le Loup, un embarcadero con barcas diseñadas por Leonardo, o maquetas móviles de gran tamaño que muestran el funcionamiento de las invenciones de genio. Vale la pena dar un paseo sin prisas, disfrutando del verdor y del sonido del agua. Las flores y árboles del parque – ciprés, iris, violetas o rosas – sin duda inspiraron a Leonardo en alguno de sus estudios botánicos.

Pintura sobre la muerte de Leonardo Da Vinci por ingres
La muerte de Leonardo pintada por Jean-Auguste-Dominique Ingres (1818, Petit Palais de París)

El adiós del genio

Durante los años que pasó en Amboise como “Arquitecto, Ingeniero y Pintor primero del rey”, Leonardo se mantuvo activo y lleno de creatividad. Realizó múltiples diseños y se cree que incluso elaboró planos para el cercano y majestuoso Château de Chambord, erigido durante años a la mayor gloria de Francisco I. “ El hierro se oxida si no se usa y el agua se vuelve putrefacta si se estanca, y así, la ociosidad mina la fuerza del espíritu”, decía.

El Clos-Lucé fue su última residencia.  Aquí se cerraron sus ojos el 2 de mayo de 1519, a la edad de 67 años, tan sólo tres después de su llegada desde Italia. Murió en su cama, y según Vasari, en brazos del propio Francisco I, quién lloró amargamente la muerte del genio. Hoy sus restos reposan en el Castillo Real de Amboise, muy cerca del Clos-Lucé y lejos de su Toscana natal.


Saber más:

  • El Clos-Lucé forma parte del conjunto de los Castillos del Loira, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000.
  • En 1855, el castillo pasó a manos de la familia Saint-Bris, que sigue manteniendo la propiedad a día de hoy.
  • En la parte posterior de la casa solariega hay un bonito jardín de rosas y cipreses.  Ahí se puede encontrar un restaurante con una agradable terraza, Terrasse Renaissance, para tomar algo tras la visita.
  • El Clos-Lucé está pensado para recibir a los más pequeños. Los niños pueden jugar libremente con las maquetas del parque y pasear con los mayores en las barcas de remo al estilo leonardino. Hay también espacios preparados para disfrutar de un picnic al aire libre.

Château du Clos Lucé
📍2 Rue du Clos Lucé, 37400 Amboise, France
📞+33 (0) 2 47 57 00 73
✉️infos@vinci-closluce.com
🌐vinci-closluce.com/fr

Créditos: fotografía de la pintura de JAD Ingrès del Petit Palais

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