Otro gran año viajero
Un año más traigo por aquí un resumen de este año viajero. Han sido doce meses ricos en experiencias, con algunos cambios profundos y ciertos altibajos. Pero a lo largo de los meses, el viaje ha sido un denominador común que me ha proporcionado experiencias y nuevos descubrimientos, siempre enriquecedores, en destinos de lo más variados.
Me gusta hacer esta recapitulación porque me permite tomar conciencia de lo visto, compartido, disfrutado y aprendido durante los últimos 365 días. Ha sido otro año intenso, con varios saltos a América pero también con mucha exploración de lo más interesante por el Mediterráneo y el territorio nacional.
ÍNDICE DE CONTENIDOS:
◎ Otro gran año viajero
◎ Invierno
◎ Primavera
◎ Verano
◎ Otoño
◎ Madrid
▪︎ Libro Madrid Underground
▪︎ Claveles de Madrid
◎ Yukali Página Literaria
◎ Agradecimiento
▪︎Mapa de viajes de 2025
Invierno
Atenas
Los viajes a otros países comenzaron a mitad de enero con una escapada exprés de trabajo a Atenas. En las pocas horas libres, pasée por una Atenas de invierno, lluviosa y húmeda, muy distinta a la de los meses de verano, pero también real y auténtica. Desde mi hotel podía ver la Acrópolis, pero esta vez con un fondo gris y húmedo. Volví a recorrer el centro, de Syntagma a Monastiraki y Plaka hasta llegar a Psiri, uno de los barrios más antiguos de la ciudad, ahora remozado y vibrante, repleto de locales de restauración y murales de arte urbano.
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Fuerteventura
A finales del mes de enero volé a una de las dos Islas Canarias que aún no conocía, Fuerteventura. Confieso que tenía algunos prejuicios al pensar que era una isla casi exclusivamente de playas, tal y como se suele ver en anuncios promocionales. Me equivoqué. Fuerteventura es mucho más y resultó ser una gratísima sorpresa.
A lo largo de tres días muy bien aprovechados, recorrí en coche la isla en distintas direcciones esde mi coqueto alojamiento cercano a Puerto del Rosario. Vi playas del norte que miran hacia Lanzarote , las magníficas dunas de Corralejo, la montaña sagrada de Tindaya, atardeceres dorados en Ajuy o Puertito de los Molinos. También, preciosos pueblos blancos como Betancuria o lugares pequeños y curiosos como El Jablito y su barca capilla.
El paisaje de color terroso, con las sombras de las nubes proyectadas sobre él, me cautivó totalmente. Vi las apetecibles playas de arena blanca y agua turquesa de Jandía y me adentré en el territorio remoto de Cofete y su misteriosa Casa Winter, asilada en medio de la nada. Por toda la isla, perseguí las huellas de Miguel de Unamuno que fue desterrado en esta isla remota nen 1924.
De las Canarias, me queda aún por conocer El Hierro, un destino deseado desde hace ya tiempo y que ojalá pueda visitar pronto.
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⚪️ El misterio de la Casa Winter (Fuerteventura) - en colaboración con Carlos Félix
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Cieza
Cuando el invierno iba cediendo paso a la primavera, viajé en dirección a Cieza para ver la floración de los melocotoneros. Aunque esta no estaba aún en pleno apogeo, ya ponía notas de color en la tierra grisácea del entorno. Fue un auténtico placer visual acercarse a los campos de frutales y observar la delicada tonalidad rosa de los frutales al despertar a la nueva estación. En unos meses, llegarían los frutos, jugosos y sabrosos, pero en aquel momento las flores cumplían una función diferente: teñir de belleza estos campos de Murcia.
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A Coruña
A principios de marzo, A Coruña fue el siguiente destino e igualmente una sorpresa magnífica. Había visitado la ciudad hacía muchos años y de un modo algo superficial. En esta ocasión, me empapé de ella durante tres días intensos.
Me atrajo la cercanía del mar, a un lado y otro de ese original istmo terminado en una protuberancia más amplia que conforma la peculiar orografía de la ciudad. Seguí la huella de mujeres ilustres, como María Pita, Emilia Pardo Bazán o Rosalía de Castro; disfruté de playas urbanas, jardines y alamedas, y caminé por las calles estrechas del centro histórico de la ciudad.
Me gustaron los lienzos blancos formados por las amplias galerías acristaladas que miran al puerto y el mar. Visité museos, como el de Bellas Artes y vi fotografía en la Fundación MOP. Me fascinó el paraje agreste, de cielo, roca y agua, del norte de la ciudad, donde se asientan la Torre de Hércules y esculturas poéticas como la familia de menhires de Manolo Paz.
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Primavera
Burgos
En el mes de marzo, dediqué una escapada de un día a la provincia de Burgos para «cazar» con mi cámara de fotos murales de arte urbano en dos pequeñas localidades. La primera parada fue en Villangómez, donde la Ruta de Murales y Escritores pinta las paredes exteriores con dibujos originales y menciones a la literatura. Por la tarde, recorrí Tubilla del Lago, encontrando aquí y allá curiosos ejemplos de estos murales que siempre me interesan cuando voy de viaje.
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Lisboa
Los últimos días de marzo me llevaron a Lisboa, esa capital de personalidad muy particular que llevaba tanto tiempo sin visitar de nuevo. No pude parar de caminar por los barrios lisboetas, impulsada por unas irresistibles ganas de entender mejor la ciudad. Caminé por por la concurrida Baixa y la Plaza del Rossio, la abierta al ancho Duero. O por Chiado, uno de mis lugares favoritos de la ciudad, con sus tiendas elegantes, sus iglesias con solera y el icónico café A Brasileira. Fue en esta barrio donde nació Fernando Pessoa, uno de los más aclamados escritores portugueses, aunque él nunca lo supo puesto que alcanzó una fama póstuma. La presencia de Pessoa, en un lugar u otro, fue continua durante mi estancia en Lisboa.
Con sus cuestas y sus altos, LIsboa ofrece numerosos miradores; me asomé a muchos de ellos, viendo un mar de tejados rojizos y ocres o el gran río atravesado por el rojo puente del 25 de Abril. Elevadores, funiculares o tranvías me llevaron a la laberíntica Alfama y al Castillo de San Jorge, a la pintoresca Lapa, a Belém, con su torre, su monasterio y sus pastelitos de nata, al Barrio Alto, a Cais do Sodre o a espacios diferentes como LX Factory, con librerías y tiendas alternativas. ¡Qué placer deambular por la ciudad, redescubrir sus cafés y sus librerías, caminando sin parar por sus calles decoradas con mosaicos en blanco y negro!
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Cabo de Gata
La Semana Santa me llevó de nuevo a mi querido Cabo de Gata. Desde Las Negras, aproveché que en primavera el calor es mucho menos intenso para hacer caminatas: a la Cala de San Pedro, donde solo se llega por mar o caminando, al Faro de la Polacra, una torre de vigilancia dieciochesca desde donde se tienen las mejores vistas, al Faro de Mesa Roldán, al Sendero de la Molata que bordea las formaciones calizas que se adentran en el Mar de Alborán. Como siempre, me aportó paz y sensación de libertad caminar por estas tierras despejadas, tomar cafés junto al mar y observar en silencio los cielos estrellados.
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Asturias
En los últimos días de mayo, la carretera me llevó de nuevo al norte, esta vez a Asturias. La primera parada fue Avilés, con un objetivo principal: visitar el Centro Niemeyer, proyectado por el arquitecto brasileño Oscar Niemayer. Su obra siempre me ha llamado la atención y era hora de visitar la única que de él tenemos en España. Fue para mí un «aperitivo» de la arquitectura curva y predominantemente blanca de Niemeyer que conocería más ampliamente en Brasil pocos meses después.
Bajo un cielo gris, propio del norte, recorrí también el casco histórico de Avilés y su amplio parque, para acercarme luego a la costa y visitar el original museo de anclas de Philippe Cousteau en Salinas.
En el camino de vuelta a Madrid aparecieron tres joyas, pequeñas, muy antiguas y conmovedoras: las iglesias prerrománicas de Santa María del Naranco y de San Miguel de Lillo y un poco más lejos, Santa Cristina de Lena, todas ellas Patrimonio de la Humanidad.
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Roma
A mediados de junio, otro reencuentro magnífico con otra de las capitales europeas por excelencia, Roma. Caminé kilómetros y kilómetros bajo el calor húmedo de la Ciudad Eterna con ansia por recordar y también por conocer nuevos lugares.
No volví al Coliseo o al Vaticano, pero exploré iglesias más pequeñas e igualmente fascinantes, como San Pietro in Vincoli con su icónico Moisés de Miguel Ángel, Santa Maria in Cosmedin y la Boca de la Verdad -¡tan reconocible por los cinéfilos!-, o los templos antiguos del Aventino. En esa elegante colina romana, me asomé por la cerradura mágica de la Orden de Malta que permite ver tres países a la vez.
También me senté en algunos cafés antiguos, paseé por Villa Borghese con sus pinos de copa aplanada, bajé las escaleras de la Plaza de España, comí junto a las fuentes de Piazza Navona y crucé el Tíber hasta el vibrante barrio de Trastevere. Los días eran largos, hubo tiempo para mucho, y aún así quedo tantísimo por ver. Me convencí de que, definitivamente, Roma es poderosa e inabarcable
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Verano
Calgary y las Montañas Rocosas
Llegó el verano y el calor madrileño se hizo intenso. Pude huir de él con rumbo a un destino excepcional, las Montañas Rocosas del Oeste de Canadá. Con base en Calgary, una ciudad moderna que sin embargo sigue manteniendo un cierto aire de Far West, pude recorrer centenares de kilómetros de las Rocosas de la provincia de Alberta.
Mi primer contacto con ellas, con su belleza rotunda, con los bosques verdes de coníferas y los lagos de colores increíables fue en Canmore. Atravesé el Parque Nacional de Banff, con paradas en Banff, el núcleo más turístico del parque, en pleno día nacional de Canadá o en el Lago Louise, espectacular espejo verdoso que reflejaba montaña y glaciar. Caminé junto a cañones y cascadas por las que el agua ágil y fresca descendía a gran velocidad, disfrutando en todo momento de un paisaje esplendoroso y me asomé a la lengua del glaciar Athabasca en el Campo de Hielo de Columbia.
Continuando la alucinante carretera entre montañas que es Icefields Parkway, llegué hasta el Parque Nacional de Jasper y su población principal, Jasper, que, con sus construcciones de madera, su antiguo ferrocarril y un tótem de los pueblos originarios, emana un aire de lejanía, de pioneros del oeste en medio de un paisaje de montaña sencillamente apabullante. Visité el Lago Maligne y me bañé en las aguas termales de Miette Hot Springs.
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Brasil
Y apenas un decena de días tras la vuelta de Canadá, otro gran viaje, un nuevo salto a América, pero esta vez a la del Sur. En un nuevo viaje a Brasil, cumplí uno de mis deseos arquitectónicos: visitar Brasilia, la capital del país desde 1960. Fue una ciudad surgida de la nada, en medio de una amplia meseta, ideada por Lucio Costa y Oscar Niemeyer. Una ciudad de lo más curiosa, extensa -quizás demasiado para la escala humana-, y un ejemplo vivo de la corriente de la arquitectura futurista de mediados del siglo XX.
La siguiente parada fue Ouro Preto, en el estado de Minas Gerais. El contraste no pudo ser mayor puesto que se trata de una antigua ciudad colonial en la que se extraía oro. Está repleta de iglesias y arquitectura barroca. Me impresionaron el esplendor de los frescos y altares y la localización de esta población, agazapada entre frondosas colinas brumosas.
La última escala, y la más larga del periplo brasileño, fue Rio de Janeiro. Me gustó el reencuentro con la ciudad carioca más de 25 años después de mi primer viaje. Las amplias playas de Copacabana, Ipanema y Leblon, el Pan de Azúcar y el teleférico suspendido entre sus dos moles, la majestuosidad del Cristo Redentor, el exótico Jardín Botánico, el centro urbano -donde esta vez descubrí la espectacular Real Gabinete Portugués de Lectura y tiendas de libros de segunda mano donde adquirí un volumen firmado por el mismo Niemeyer-, la catedral brutalista, el barrio alto de Santa Teresa, con su encanto añejo y sus miradores, o el más reciente Museu do Amanhã de Santiago Calatrava.
Crucé en transbordador las aguas tranquilas y azules de la bahía de Guanabara para llegar hasta NIterói y descubrir más obras de Niemeyer, uno de los hilos conductores de este viaje -incluso en la barroca Ouro Preto vi uno de sus edificios tempranos-. Me gustó especialmente el Museo de Arte Contemporáneo, una especie de platillo volante con vistas a la bahía.
Por último, desde Río hice una excursión a las montañas cercanas, frescas y cubiertas de vegetación, para llegar a Petrópolis – la ciudad de Pedro-. Allí pasaron los veranos los emperadores de Brasil durante el breve tiempo que duró su dinastía. Y allí pasó la última etapa de su vida el prolífico escritor Stefan Zweig, hasta que el abatimiento por la situación política de la vieja Europa le llevó a tomar la decisión de quitarse la vida.
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Cabo de Gata, de nuevo y siempre
En agosto, puse de nuevo rumbo al Cabo de Gata, para reencontrarme con su paisaje auténtico, sus cielos despejados y su ritmo tranquilo. Exploré más a fondo algunos pueblos cinematográficos, como Los Albaricoques que tiene calles dedicadas a Sergio Leone, Clint Eastwood o Lee Van Cleef , y volví una vez más al Cortijo del Fraile, que insipiró las Bodas de Sangre lorquianas, mientras los últimos rayos del sol de verano teñían los campos de un suave tono rosado.
Escapada al País Vasco
En los últimos días de agosto puse rumbo al norte con una parada en Soria donde, tras una comida con vistas en el Parador de Turismo, paseé a las orillas del Duero para visitar las evocadoras ruinas del monasterio medieval de San Juan de Duero. El camino continuó hasta Calahorra, por cuyo casco urbano paseé a últimas horas de la tarde cuando el sol poniente resaltaba los tonos dorados de la Catedral de Santa María.
La primera parada en el País Vasco fue en Kortezubi, Vizcaya. Una caminata me llevó a ese bosque mágico que llevaba años queriendo visitar: el Bosque de Osma, que cobra vida con las pinturas de Agustín Ibarrola y se convierte en un lugar de cuento. Muy cerca de allí, me adentré también en las curiosas Cuevas de Santimimañe, habitadas en tiempos prehistóricos y declaradas Patrimonio de la Humanidad.
Y desde allí, rumbo a Guetaria, que sería mi base los próximos días. ¡Cuánto me gustó este enclave marinero, con sus casas medievales, sus callejuelas estrechas, su puerto y, en contraposición, el moderno Museo Cristóbal Balenciaga, dedicado al maestro de la costura, uno de los hijos ilustres de la localidad junto al navegante Juan Sebastián Elcano.
Pude también cumplir algunos anhelos viajeros de largo tiempo: ver el flysch exibiendo su belleza geológica en la playa de Zumaia, recorrer Chillida Leku donde las poderosas esculturas de Eduardo Chillida resaltan sobre el verde rabioso del cesped de verano y caminar junto al mar hasta el Peine del Viento que con su cuerpo oxidado desafía al viento y al batir de las olas a la entrada de la bahía de San Sebastián. Fueron visitas que me cautivaron y que despertaron en mí el deseo de volver pronto a Euskadi.
Ya de vuelta a Madrid, di un rodeo por la provincia de Burgos para llegar hasta un par de lozalizaciones de película: el Monasterio de San Pedro de Alrlanza y el ficticio Cementerio de Sad Hill. Tras mi visita reciente en Cabo de Gata a diversos escenarios del mítico «Spaghetti Western «El Bueno, el Feo y el Malo», quise cerrar el círculo y recorrer los lugares de rodaje castellanos de la película, que me parecieron de lo más curiosos.
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Palermo
Hacia medidos de septiembre volé a Palermo. Había visitado Sicilia en ocasiones anteriores pero nunca le había dedicado suficiente tiempo a su capital. ¡Qué maravilla recorrer durante tres días estaciudad contradictoria y decadente, una especie de pequeño Nápoles isleño con un particular carácter fruto del cruce de culturas a lo largo de los siglos! Sus calles están vivas, al igual que sus abarrotados y bien surtidos mercados.
Es una ciudad particular, de tonos arenosos y brillantes, con toques orientales e influencia normanda, uno de esos lugares imprescindibles que hay que visitar para comprender la esencia mediterránea y al que espero volver muy pronto.
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Otoño
Cariñena y el Moncayo
Cuando llega octubre y las vides se tiñen de colores que van desde el púrpura al pardo, me gusta descubrir alguna bodega nueva. Este año el destino fue la provincia de Zaragoza y las D.O. de Cariñena y Garnacha. Tras visitar dos interesantes pueblos relacionados con Goya, Fuendetodos, donde se preserva su casa natal, y Muel, donde ejecutó alguno de sus frescos más tempranos, recorrí Cariñena, con su peculiar mezcla de estilos arquitectónicos , y algunas otras poblaciones cercanas como Alfamén -decorada con bonitos murales-, Almonacid de la Sierra o Cosuenda.
Fue precisamente en un lugar emblemático de Cariñena, en la Fuente de la Mora, de la que mana vino en vez de agua al inicio de cada cosecha, donde mi inseparable cámara de fotos réflex, fiel compañera de viajes desde hacía años, decidió jubilarse y poner fin a su actividad fotográfica. Se sumergió por accidente en el agua de la fuente y no hubo manera de que volviera a disparar un solo clic. Con mucha pena, he tenido que remplazarla. Aún me sigo acostumbrando a mi nueva compañera de tecnología mirrorless, con la que espero establecer pronto una relación de complicidad viajera.
La Ruta de la Garnacha me llevó por las carreteras que suben hasta Borja y Veruela. En esta última población, visité el monasterio donde estuvo alojado Gustavo Adolfo Bécquer junto a su hermano pintor Valeriano, un edificio poderoso y cautivador en un paisaje aislado bajo el influjo de las montañas cercanas. Tras una muy agradable visita a la bodega artesanal Prados, seguí hasta Trasmoz, una pequeña localidad en cuesta que parece estar en el fin del mundo, independiente y envuelta en sus historias de brujas, con la mirada puesta en la gran mole del Moncayo.
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Barcelona
La primera semana de noviembre me llevó a Barcelona por trabajo, pero el fin de semana me permitió de nuevo recorrer varios de sus barrios y cumplir otro deseo viajero: acudir a un concierto en el Palau de la Música Catalana. ¡Qué edificio tan espectacular, una absoluta exaltación del estilo modernista que tanto me gusta! Fue un verdadero placer escuchar los acordes del piano mientras con la mirada iba recorriendo ese universo de teselas de colores, adornos florales y el mosaicos de gotas de cristal de la lámpara central.
Caminé por la Barceloneta y el Paseo Marítimo, llegué hasta El Born y subí hacia el Eixample, donde me encontré con mi buen amigo Sergio García, un espíritu inquieto, de mente dinámica y creativa, autor del blog Singularia.
Pero, sobre todo, pasé tiempo en Vila de Gràcia, un barrio donde la vida transcurre a escala humana. Conserva una marcada identidad propia, con sus calles estrechas y sus plazas muy vividas, donde los niños juegan y los mayores, locales y foráneos, se sientan a tomar una cerveza o simplemente a ver la vida pasar.
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Chile
A finales de noviembre volé una vez más a Chile, este largo pedazo de tierra entre el Pacífico de los Andes que ya he visitado en ocho ocasiones y donde siempre me siento como en casa. Tras unos días de trabajo en Santiago de Chile, hice una escapada rápida a la costa del Pacífico para conocer la Punta de Lobos, un promontorio asomado al océano, icono mundial de la cultura del surf y reserva natural de especies locales.
La ruta continuó hacia el interior para visitar Santa Cruz, con su núcleo colonial y su museo histórico, y el Valle de Colchagua, repleto de viñedos y bodegas, clásicas o vanguardistas, que tan buen nombre dan a los vinos chilenos. ¡Cuánto agradecí el sol y los atardeceres tardíos de la primavera austral cuando en casa la poca luz y las temperaturas bajas anunciaban la llegada cai inminente del invierno!
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Madrid
Entre viaje y viaje, Madrid, mi base, el lugar donde me gusta vivir. Me encanta pasear temprano por el Retiro con Cúper. Me sigue divirtiendo mucho hacer de turista por Madrid, perderme por las calles, dejándome llevar por mis pasos pero con la mirada atenta a mil y un detalles diferentes.
Cuanto más aprendo de Madrid, mejor comprendo que la ciudad atesora miles de historias y de referencias al pasado aunque mantiene los ojos puestos en el hoy y el mañana. En Madrid, no es posible aburrirse, siempre hay lugares por descubrir, eventos, exposiciones y una gran oferta cultural que se renueva continuamente.
LIBRO «MADRID UNDERGROUND»
Aunque «Madrid Underground», el libro que he escrito e ilustrado con fotografías para hablar de las anécdotas y curiosidades del Madrid subterráneo se publicó en noviembre de 2024, este año he tenido la oportunidad de presentarlo de nuevo y de hablar de él en algunas emisoras de radio.
En el mes de marzo presenté el libro junto con mi editora, Esther García, en Librería Áurea. Gracias a otra presentación a la que había acudido meses antes, conocí este espacio de libros y cultura, pero, sobre todo, conocí a Julio y a Charo, acogedores y abiertos, quienes me invitaron a hablar de «Madrid Underground» en su librería. ¡Fue un auténtico placer poder contar la cara B de la ciudad, rodeada por el calor de los libros y la buena onda de Librería Áurea y disfrutando de la compañía de familia y amigos!
Recibí además la amable invitación de Álvaro Martín, de Madrid Misterioso – Onda Madrid– y de Julio Leal Aspano de De Viatge Ràdio, para hablar en la radio de este Madrid diferente. Muchas gracias desde aquí por vuestro interés y por la fantástica oportunidad de dar a conocer mejor esta otra ciudad, menos visible pero igualmente fascinante.
Claveles de Madrid
Escribir «Madrid Underground» acentuó mi interés y querencia por Madrid. Es por eso que he abierto una nueva cuenta de instagram, Claveles de Madrid, dedicada en exclusiva a lugares, cultura o eventos de esta gran ciudad que siempre tiene tantas anécdotas y curiosidades para contar. Te animo a seguirla y a acompañarme a lo largo y ancho de Madrid:
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Yukali Página Literaria
En este año 2025, he seguido colaborando a través de la sección «Imagen y Palabra» con mi querida Yukali Página Literaria – ideada y dirigida por Manuel Cardeñas Aguirre.
Aunque no he escrito en esta ocasión para la revista Yukali Poesía, dedicada en su quinta edición a la música, sí pude leer algunos de los poemas exquisitamente seleccionados por la poeta Ana Sánchez Huéscar, responsable de la revista. La presentación se celebró en el acogedor espacio cultural de Librería Áurea, cedido de nuevo por Julio y Charo de la manera más generosa.
Agradecimiento
Gratitud. Esa es la palabra que me viene a la mente al acabar este resumen, quizás un poco largo para el lector. Gratitud por las oportunidades que este año me ha dado, por los lugares que he conocido o que he vuelto a ver con ojos diferentes, por los paisajes y el arte, por todo lo que he podido disfrutar.
Aprendizaje. Las personas que los viajes y la escritura me permiten conocer, de manera física o virtual, me enriquecen al mostrarme otras costumbres o dedicaciones, otros oficios y otra manera de precibir el mundo más allá de mi propio punto de vista. Desde aquí, un saludo muy especial para mis compañeros de la asociación Madrid Travel Bloggers.
Afortunada. Así me siento cuando pienso que un año más he estado acompañada de la mejor manera, por mi familia, por mis amigos, los de largo tiempo y los más recientes. Con ellos he recorrido países lejanos, ciudades cercanas o el propio Madrid, junto a ellos he pasado los momentos más felices y los más dubitativos de este periodo de tiempo. Ellos me han acogido a este y al otro lado del oceáno, convirtiéndose en los mejores anfitriones.
Y gracias a vosotros, que leéis mis textos y miráis las fotos que hago cuando viajo. Porque sé que también en el post-viaje, cuando cuento lo que he visto y sentido, sigo estando acompañada de la mejor manera. Ojalá este resumen pueda también servir de inspiración para vuestros propios viajes y descubrimientos.
Que el año que empieza, el 2026, sea amable, fructífero y feliz.
Mapa de los viajes de 2025
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◉ 2024, mi año en viajes
◉ 2023, mi año en viajes
◉ 2022, mi año en viajes
◉ 2021, mi año en viajes
Cuando te leo, de alguna manera yo también viajo, con las fotos de tu «vieja compañera» y con las de la nueva, y sobre todo con tus textos, que me trasmiten emoción y me enseñan sitios que aunque conozca veo nuevos con tus ojos. Gracias.
Además, este año te veo. Un placer
¡Gracias a ti de corazón por leerme y por acompañarme a algunos de estos viajes! ¡Por un 2026 con muchas buenas aventuras viajeras!
Precioso reportaje, siempre conozco lugares nuevos gracias a ti. Espero tus próximos viajes, enhorabuena ✨️❤️
Mil gracias a ti, Ana, por leerme y, sobre todo, por aportarnos belleza y sensibilidad a través de Yukali Poesía y tus preciosos libros de poemas.