AETHERIA TRAVELS
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2024, mi año en viajes
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Nuevos destinos y reencuentros con otra mirada

Acaba el año, llega el momento de recapitular, de escribir un compendio de las aventuras de este año, que han sido viajeras y literarias. No se trata de poner marcas en un mapa, ni de contar los países visitados – se puede viajar a muchos lugares de puntillas, sin apenas captar su esencia- sino de comprobar que este año he vuelto a aprender, a conocer, y, lo que es más importante, a disfrutar de los destinos visitados en estupenda compañía. De hecho, al escribir esta recopilación he comprobado que ha sido un año de descubrimientos, sí, pero también un año de retornos, de segundas o terceras visitas, en las que la mirada se ha aguzado y he captado matices que quizás antes me habían pasado desapercibidos.

Definitivamente, creo que viajar es una actitud. Es la curiosidad unida al movimiento. Es mirar con los ojos bien abiertos, una combinación racional y sensorial, aceptar nuevos conocimientos y estímulos -olores, sabores, texturas y sonidos- que enriquecen los sentidos.

Comencemos el recorrido de 2024, que me ha llevado eminentemente al Mediterráneo y a América Latina. Pero antes quiero darte gracias, a ti que me lees desde el otro lado de la pantalla, por dedicar una parte de tu tiempo a asomarte a este blog. Ojalá este relato del año pueda servirte de inspiración viajera.

Flores de primavera en la Sierra de Gata, Cáceres
Flores de primvaera en Sierra de Gata, Cáceres

ÍNDICE  DE CONTENIDOS:

Nuevos destinos y reencuentros con otra mirada

▪︎ Invierno
▪︎ Primavera
▪︎ Verano
▪︎ Otoño

▪︎ Madrid, siempre y más que nunca

Viajes literarios

Mapa de viajes de 2024

Marsella (Francia)

El mes de enero comenzó, como suele ser habitual, en Madrid. Pero antes de que llegara febrero tomé el primer avión del año hacia un destino cercano pero largamente deseado: Marsella. Me encontré en pleno invierno con una ciudad luminosa, alegre, mediterránea y fácil de recorrer a pie. Marsella gira en torno a su Vieux-Port. Alrededor de esta entrada de agua de mar bien resguardada, me encontré con edificios clásicos o vanguardistas, mercados populares, monumentos históricos, colinas rematadas por iglesias con vistas -Notre-Dame de la Garde- y barrios con matices muy diferentes, desde Le Panier, en otros tiempos denostado y canalla, hasta la larga Corniche con el literario Castillo de If -¡que se lo digan al Conde de Montecristo!- al fondo. A la vecina Francia habría de volver en diversas ocasiones a lo largo del año.

Vista de la Catedral de Marsella y el puerto nuevo desde Notre-Dame de la Garde

Toscana (Italia)

Febrero me llevó a Italia, una vez más a la Toscana, que siempre resulta irremediablemente atractiva, incluso cuando el tiempo es frío y las brumas matinales parchean de blanco los campos agrisados. Desde la habitación de mi hotel de trabajo, situado en lo alto de una colina, pude contemplar una y otra vez Barga, considerado uno de los pueblos más bonitos de Italia. No me resistí a dar un paseo por esta pequeña localidad en cuanto tuve ocasión. Bien abrigada y cámara en mano, recorrí las calles empinadas y descubrí casas señoriales, capillas e iglesias de diferentes periodos históricos.

Vista de Barga, uno de los pueblos más bonitos de Italia, en una mañana de invierno

Por cercanía, pude pasar también una jornada en Lucca, cuna del compositor de ópera Giacomo Puccini. Esta bella ciudad amurallada es una suerte de hermana pequeña de Florencia, también bendecida por las maravillas del Renacimiento italiano. Lucca invita a pasear por sus plazas y calles pintadas de tonalidades ocres, a entrar en sus iglesias decoradas con ricos mármoles italianos o a tomar un Aperol Spritz en la Plaza del Anfiteatro, que aún conserva su forma ovalada de los tiempos romanos.

Lucca, con sus mármoles y sus ocres
LEER MÁS:

⚪️ Un día en Lucca, el tesoro amurallado de Toscana

⚪️ Más artículos sobre Italia

Gijón

En el mes de marzo, cuando el invierno iba tocando a su fin, el tren me llevó a la costa del Cantábrico. Gracias a Birratour, el gran encuentro anual de creadores de contenido de viaje, y Gijón Turismo, redescubrí Gijón, ciudad que conocí hace muchos años, y de la que quizás no había cobrado plenamente conciencia. Al poco de llegar cumplí otro deseo viajero: subir a Cimadevilla y situarme frente al mar ante ese maravilloso abrazo de cemento que es el «Elogio del Horizonte» de Eduardo Chillida.

«Elogio del Horizonte», de Eduardo Chillida, en el barrio de Cimadevilla de Gijón

Visité también otros muchos lugares de la ciudad, recorrí por primera vez el imponente edificio de La Laboral y algunos curiosos museos, como el del Ferrocarril de Asturias. Caminé, con el viento en la cara, por el largo Paseo Marítimo de Gijón, mirando las mareas subir y bajar y adivinando el contorno de los surfistas tratando de domar las olas. Descubrí también el Jardín Botánico Atlántico, un jardín diferente, romántico y norteño, cuyo recuerdo aún me trae a la mente la suavidad del musgo y el esplendor de las camelias florecidas.

LEER MÁS:

⚪️ Imagen y Palabra: Elogio del Horizonte (Gijón)

⚪️ Jardín Botánico Atlántico, el museo vegetal de Gijón

Alentejo (Portugal)

Acabó la primera estación del año y llegó la primavera. Coincidiendo con la Semana Santa, puse rumbo por carretera a Portugal, un país al que durante demasiado tiempo presté poca atención y al que sin embargo me acerco con cierta frecuencia últimamente. Esta vez se trataba de hacer una primera aproximación al Alentejo, la amplia región de la mitad sur del país que se extiende desde la frontera española al océano Atlántico.

Con base en Évora, una ciudad blanca, apacible y repleta de encanto histórico, descubrí la artesanía de la zona y recorrí lugares cercanos como Elvas – con su preciosa fortaleza de Nuestra Señora de Gracia -, Arraiolos -el pueblo azul del arte textil-, Monsaraz – agreste y encaramado en un alto con vistas esplendorosas- o Vila Viçosa, Borba y Estremoz – las ciudades de mármol-. La última etapa, con breves paradas en Portalegre y Castelo da Vide, fue Marvão, pero el viento y una lluvia inclemente impidieron visitar este pueblo en condiciones. Habrá pues que volver y lo haré con gusto. En el camino de vuelta a Madrid, pude conocer por fin, entre un chubasco y el siguiente, el famoso Puente de Alcántara, parte del legado romano en España.

Vista de Monsaraz desde el castillo

Úbeda y Baeza

Abril fue un mes con varios viajes. El primero de ellos me llevó de nuevo a dos ciudades monumentales que forman un magnífico tándem Patrimonio de la Humanidad en la provincia de Jaén. Este precioso viaje cultural a Úbeda y Baeza fue posible gracias a la perfecta gestión de Mar, una gran viajera autora del blog Mi Ruta, y al apoyo de la Asociación para el Desarrollo Turístico de Úbeda y Baeza (TUBBA).

Fueron unos días intensos, en los que en compañía de otras viajeras, Paloma, Teresa y Carmen, recorrí las calles de Baeza, aprendiendo sobre la historia y el imponente patrimonio renacentista de esta espléndida ciudad, probando la gastronomía local y llegando hasta miradores asomados a las sierras cercanas y la os interminables campos de olivos. Personalmente, me interesé también por la etapa que el poeta y escritor Antonio Machado pasó en esta ciudad donde fue recuperando la esperanza tras un desgraciado episodio personal.

Una estatua homenaje a Antonio Machado ante el Casino de Baeza

Tenía recuerdos de Úbeda, pero en este reencuentro me di de bruces con el esplendor de su gran casco histórico. Las casas nobles, los palacios e iglesias, la artesanía, el legado sefardí, la huella de santos ilustres y la belleza del paisaje hacen de Úbeda una conjunción prodigiosa de riqueza patrimonial. Todo ello sin olvidar la cultura del aceite y la espectacular gastronomía local de la que pude dar buena cuenta durante los días pasados en esta emblemática ciudad.

Capilla Sacra del Salvador y Parador de Úbeda, Jaén
LEER MÁS:

⚪️ Paseo poético por la Baeza de Machado

⚪️ Úbeda, un tesoro del patrimonio entre campos de olivos

Buenos Aires y Córdoba (Argentina)

Hacia finales de abril tuvo lugar el primero de los cuatro viajes transatlánticos que haría durante el año. Todos ellos me llevarían hacia distintos países de América Latina, una de las zonas del mundo que más me interesan últimamente, y Argentina fue el primer destino.

Los primeros días de estancia fueron un feliz reencuentro con Buenos Aires. Volví a caminar por sus barrios populares o señoriales – Microcentro, San Telmo, Caminito, Puerto Madero, Retiro, Recoleta, Palermo – y conocí alguno nuevo para mí como el bohemio-chic Palermo Soho. También visité por primera vez el evocador Jardín Japonés y aproveché un día de lluvia para recorrer librerías con solera y resguardarme en cafés antiguos en los que resonaban acordes de tango. Buenos Aires es sin duda una gran ciudad y en este segundo viaje saboreé mucho mejor las diferentes caras que ofrece.

Calle de Buenos Aires junto a la Plaza de Mayo

Desde Buenos Aires, otro avión enfiló rumbo noroeste para llevarme a Córdoba, la segunda ciudad más poblada de Argentina. Aunque fueron días de trabajo intenso, tuve la ocasión de visitar el cogollo de la ciudad antes de partir. El centro histórico no es extenso pero sí extremadamente interesante. Cuenta con la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción en la Plaza San Martín, la encantadora mansión dieciochesca del Marqués de Sobremonte y, sobre todo, la denominada Manzana Jesuítica ubicada en torno a la histórica Universidad Nacional de Córdoba y catalogada como Patrimonio de la Humanidad.

La Catedral Nuestra Señora de la Asunción de Córdoba en un día radiante
LEER MÁS:

⚪️ Caminito o el Buenos Aires a todo color

⚪️ Librerías de Buenos Aires, la ciudad que ama los libros

⚪️ El fileteado porteño y los vistosos carteles de Buenos Aires

⚪️ Diego Maradona, Buenos Aires y Nápoles: un icono para dos ciudades

Valencia

A mi querida Valencia volví brevemente un día de abril. Siempre es una enorme alegría retornar a esta ciudad mediterránea, viva, amante del arte, reflejo del mar y la huerta, heredera de los pueblos que la han habitado. El motivo de mi breve escapada a Valencia aparece un poco más adelante en este resumen, en la sección «Viajes literarios».

El apabullante interior de la Iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir de Valencia

Tánger (Marruecos)

Una puerta de Tánger
Pastelillos y té a la menta en el Café Hafa de Tánger
Perfiles en el atardecer tangerino

Durante esta breve estancia cumplí otro de mis deseos viajeros, visitar Chefchaouen. Por fin pude perderme en ese universo azul -sin duda uno de mis colores favoritos-, de pasear entre añiles y turquesas, de saborear esta pintoresca explosión de color a los pies del Monte Lakraa, en el paisaje abrupto de las estribaciones del Rif.

Un callejón de Chefchaouen, la ciudad azul del Rif

Sierra de Gata (Extremadura)

A finales de mayo volví a la Sierra de Gata después de mi primera incursión en esta comarca hace dos años. Gracias una vez más a la generosa iniciativa de Nacho Trevejo, recorrí pueblos repletos de encanto como Trevejo -siempre fascinante desde lo alto de su promontorio y con «El Buen Avío«, el bar de Dani, listo para apagar la sed del viajero-, San Martín de Trevejo, Acebo, Santibañez el Alto o Villasbuenas de Gata – sus curiosas Pilas del Buen Hombre y las delicias gastronómicas del restaurante «Estilo» por citar sólo algunos. Hubo tiempo incluso de grabar unas impresiones sobre la comarca para la televisión local Canal Extremadura TV.

Castillo de Trevejo, Sierra de Gata
El perfil del Castillo de Trevejo en la primavera de Sierra de Gata

En este segundo viaje, disfruté de nuevo con los exultantes colores del campo extremeño y aprendí más sobre modos y costumbres locales, como la lengua a fala – que perdura desde los tiempos medievales- y la maravillosa técnica del encaje de bolillo. Desde aquí gracias de corazón a las generosas encajeras de Acebo por dedicarnos tiempo a mis compañeras de viaje y a mi y mostrarnos con tanto cariño las primorosas labores que realizan.

Una primorosa labor de las encajeras de Acebo en Sierra de Gata
⚪️ A Fala, la lengua medieval de Sierra de Gata

⚪️ Acebo y el encaje de bolillos de Sierra de Gata

⚪️ Trevejo, el último bastión de la Sierra de Gata

⚪️ Robledillo de Gata, el tesoro escondido de Sierra de Gata

⚪️ Imagen y Palabra: Primavera en Sierra de Gata (Cáceres)

Atenas y Cabo Sunión (Grecia)

Y del Magreb al Mundo clásico. En junio, otro viaje de trabajo me condujo a un nuevo reencuentro con Grecia, la cuna de nuestra civilización. Una semana en Atenas me permitió retomar el pulso de esta ciudad. Los días largos dejaron tiempo para extensos paseos una vez terminadas las obligaciones laborales. Fueron kilómetros y kilómetros recorridos: desde el Pireo a la Acrópolis, desde la Plaza de Sintagma -con el siempre curioso cambio de guardia-, al Estadio Olímpico, del Museo Arqueológico Nacional a la cima del Monte Licabeto.

Vista de la Acrópolis con el Monte Licabeto al fondo a la derecha
Vista de la Acrópolis con el Monte Licabeto al fondo a la derecha

Por cortesía de los anfitriones locales, pude retornar a un lugar que visité en un atardecer de invierno, hace ya muchos años. Me refiero al Cabo Sunión y al armónico Templo de Poseidón que sobre él se asienta. Esta vez hacía calor y el sol del mediodía lucía con fuerza. Dice la leyenda que desde allí se precipitó Egeo al mar al creer muerto a su hijo Teseo. Me fijé también en unas palabras de Lord Byron grabadas en un bloque de piedra de este evocador templo algunos siglos atrás. Tras la visita, nos desplazamos al cercano pueblo costero de Lavrios, para disfrutar de la rica comida griega en una taberna local.

El Templo de Poseidón en el Cabo Sounion
El Templo de Poseidón en el Cabo Sounion
⚪️  El nombre de Atenas o la disputa entre dos dioses olímpicos

⚪️  Cabo Sounion, el mirador del Egeo

⚪️  Más artículos sobre Grecia

Panamá

Nunca pensé que después de haber visitado Panamá por primera vez en 2023, volvería de nuevo este año. Pero las circunstancias han sido propicias y he llegado por segunda vez a este país donde, gracias a la calidez de los amigos locales, me he sentido muy arropada.

Pasé una primera semana intensa de trabajo en Ciudad de Panamá. A través del gran ventanal de mi habitación de hotel, vi una y otra vez el bosque de torres y rascacielos que puebla el centro financiero y comercial de la ciudad. Cuando se unieron a mitad de estancia mis queridos compañeros de viaje llegados desde España, tuve ocasión de visitar el BioMuseo del arquitecto Frank Gehry, de pasear de nuevo por el Casco Antiguo – el meollo colonial de la ciudad y seguramente la zona por la que más me gusta perderme-, o de volver al Canal de Panamá, con sus esclusas y sus barcos que pasan calculando las distancias al centímetro. También navegué de nuevo sobre las aguas verdosas del Lago Gatún, atenta a la fauna y flora del estrecho de Panamá.

Flores y rascacielos del centro de Ciudad de Panamá
El edificio del BioMuseo ideado por Frank Gehry

En esta segunda estancia panameña, tuve también oportunidad de conocer nuevos lugares del país, como el Valle de Antón, al que me llevaron mis anfitriones, un enorme cráter volcánico recubierto de vegetación frondosa y surcado por riachuelos y cascadas. O Boquete y las Tierras Altas, donde crece en altura el café geisha, uno de los más apreciados del mundo, y donde los puentes colgantes permiten recorrer la selva húmeda con una gran sensación de aventura.

Volví también a las Islas San Blas, en territorio Guna -donde cada isla es un pequeño paraíso natural de arena blanca, palmeras y aguas cristalinas-, al Castillo de San Lorenzo el Real de Chagres -uno de los heroicos antiguos fuertes españoles en la costa del Caribe-, y por primera vez vi ejemplares de perezoso, un animal que siempre me ha llamado poderosamente la atención.

Perezoso en SUMMIT, Ciudad de Panamá
Un perezoso en el Parque Summit para la recuperación de animales
Un puente colgante en la frondosidad de la selva húmeda de Boquete
⚪️ 10 lugares que ver en Ciudad de Panamá

⚪️ El Museo de la Mola y los dibujos cosmogónicos de los Guna

⚪️ Perezoso, símbolo de la biodiversidad de Panamá

⚪️ Imagen y Palabra: el barco de las Islas San Blás

⚪️ Arquitectura: de viaje con Frank Gehry

Occitania (Francia)

El Pasaje del Ancla, un reducto de la Narbona medieval

Cerca de Narbonne, visité un remanso de paz, de arquitectura armónica. Hablo de la Abadía de Fontfroide, agazapada entre un montante rocoso y fértiles viñedos. Pasar unas horas en este recinto fue transportarse a un mundo de silencio, sosiego y jardines acariciados por el sol oblicuo de la tarde.

Una vista del Canal de la Robine a su paso por Narbona

Desde allí, ya por carretera, puse rumbo a Albi, una de las principales ciudades protagonistas de la cruzada contra los Cátaros en el siglo XIII. La Catedral de Albi, alta, rojiza y con aire de fortaleza, impone y asusta incluso con su magnífico fresco del Juicio Final. Muy cerca, el Palacio de la Berbie alberga un magnífico museo dedicado al pintor Toulouse-Lautrec y proporciona preciosas vistas sobre los barrios que se extienden más allá del río Tarn. Las casas antiguas con vigas de madera, las calles estrechas del casco antiguo, los pequeños parques y plazuelas hacen que callejear por Albi sea un auténtico placer.

Vista de Albi al otro lado del río Tarn
Detalles del órgano, techo y fresco del juicio final de la Catedral de Albi

Ya por esta zona, descubrí junto con mis acompañantes la región viticultora de Gaillac, algunas bodegas con excelentes vinos, y Le Manoir de Lisle, una antigua mansión de campo reformada, con jardines adornados por esculturas de piedra y vistas magníficas al atardecer donde me alojé un par de días. Por último, visité el que es considerado uno de los pueblos más bonitos de Francia, Cordes-sur-Ciel. Se dice que este pueblo, que conserva magníficamente sus raíces medievales, se construyó sobre el lomo de un dragón. Y es que ciertamente esta pequeña localidad podría salir de algún cuento de caballeros, bestias imaginarias, hechiceras o princesas.

Una calle del pueblo medieval Cordes-sur-Ciel
Una calle del pueblo medieval Cordes-sur-Ciel

Cabo de Gata

A la vuelta de Francia, pasé unos días muy esperados en uno de mis lugares favoritos del mundo, el Cabo de Gata. Mi base fue, gracias a la generosidad de dos personas muy cercanas, Las Negras, un antiguo pueblo de pescadores que conserva su esencia sencilla combinada con cierto halo bohemio. Días de sol y luz, de felicidad familiar, cafés frente al mar, baños tempranos en un agua aún fresca, excursiones a los ya «clásicos» Rodalquilar, la Isleta del Moro, Níjar y su hechura andalusí o Cabo de Gata, con su extensa playa de agua casi transparente y el faro que desde lo alto alerta del Arrecife de las Sirenas. Espero no cansarme nunca de este paisaje tan austero como verdadero: cielo, mar, arena y roca volcánica. En este territorio, lo que ves es lo que hay, sin tapujos ni disfraces, y a mí me encanta lo que allí veo y siento.

Vista de la playa de La Negras (Almería)
⚪️ Níjar, el pueblo artesano de Sierra Alhamilla (Almería)

⚪️ Ver más artículos sobre Almería

Santa María la Real de Nieva – Segovia

No hace falta forzosamente viajar lejos para descubrir pequeñas maravillas. A no muchos kilómetros de Madrid, cuando el sol de agosto aún apretaba, pasé una jornada en tierras segovianas. La primera parada fue en Santa María la Real de Nieva, un pequeño pueblo entre campos castellanos, que nos mostró su iglesia y el monasterio que mandó construir una reina consorte inglesa, Catalina de Lancaster, esposa de Enrique III. El claustro nos entretuvo un buen rato a mis acompañantes y a mí: cada capitel es diferente, cada grupo de esculturas cuenta una historia distinta, desde blasones y motivos florales hasta episodios bíblicos o el modo de vida de los monjes que allí habitaron en otros tiempos.

Capitel del claustro de Santa María la Real de Nieva en la provincia de Segovia
La «Huida a Egipto» en un Capitel de Santa María la Real de Nieva
Jardín del claustro de Santa María la Real de Nieva en la provincia de Segovia
Claustro del Monasterio de Santa María la Real de Nieva

La jornada continuó con una riquísima comida en un tradicional mesón de Segovia junto al dos veces milenario acueducto romano. Hubo tiempo para un pasear por el centro histórico, comprar ponche segoviano en una pastelería de las de toda la vida y hacer una visita de la Catedral. Es la ventaja de los largos días de verano.

Me llamó mucho la atención durante el recorrido por las calles el esgrafiado decorativo de numerosas fachadas segovianas. De nuevo noto una mirada más atenta, más aguda, ¡casi me costó entender cómo no había registrado esos detalles en visitas previas a Segovia!

El dos veces milenario acueducto de Segovia
⚪️ Santa María la Real de Nieva, el monasterio segoviano de Catalina de Lancaster

Guadalajara – Pueblos Negros – Atienza – Sigüenza

Las vacaciones de verano dieron para alguna excursión agosteña adicional. Cumplí otro deseo cercano: recorrer por carretera la ruta de los Pueblos Negros de la provincia de Guadalajara. Me gustó mucho esta arquitectura sencilla, casi humilde, de piedra, pizarra y madera, que forma un conjunto muy atractivo y se integra a la perfección en el entorno serrano. Pueblos como Campillejo, Campillo de Ranas o Majaelrayo, por citar sólo algunos, o el bellísimo Valverde de los Arroyos, con su pequeño museo antropológico que cuenta los usos y costumbres de la zona, bien merecen una visita cuidadosa.

Arquitectura negra, que resalta con el tiempo lluvioso, en la plaza de Valverde de los Arroyos
⚪️ Valverde de los Arroyos y la arquitectura negra de Guadalajara

⚪️ Imagen y Palabra: Sigüenza y el Doncel lector

⚪️ Librerías del mundo, el placer de viajar y leer (incluye la "cafebrería" Rayuela de Sigüenza)

Cartagena de Indias (Colombia)

A mediados de septiembre, llegó el tercer salto del año a América. Esta vez el destino era totalmente nuevo para mí y también largamente anhelado. Tras una escala aeroportuaria en Bogotá – la primera vez que he pisaba el suelo de Colombia-, un avión me llevó hasta Cartagena de Indias, en la costa caribeña del país.

Me tuve que rendir plenamente a la evidencia: sí, esta ciudad es tan bella como la fama que tiene. El casco antigua es amplio, alegre, colorido, un lugar atemporal para perderse entre casonas coloniales y brotes de buganvilla, para visitar un antiguo convento, seguir la estela del escritor Gabriel García Márquez o tomar una copa al atardecer en un baluarte histórico con vistas al Caribe.

Me interesaron las antiguas fortalezas, las baterías defensivas, adentrándose en el mar, que los españoles apostaron en tiempos para defender a Cartagena de Indias y su bahía, y personajes históricos como la India Catalina y Pedro de Heredia, el madrileño que fundó esta ciudad colonial, o el aguerrido militar Blas de Lezo. Hubo también ocasión de navegar hacia las Islas Rosario, un enclave natural de la costa caribeña, y de conocer San Basilio de Palenque, el pueblo donde se asentaron los primeros esclavos negros libertos de Cartagena de Indias.

⚪️ Qué ver en Cartagena de Indias, la perla del Caribe colombiano

⚪️ La India Catalina y el nacimiento de Cartagena de Indias

⚪️ Castillo de San Felipe de Barajas, la fortaleza inexpugnable de Blas de Lezo en Cartagena de Indias

⚪️ Librerías del mundo, el placer de viajar y leer (incluye la Librería Ábaco de Cartagena de Indias)

Bosque Finlandés

Cuando llega el otoño y las temperaturas se tornan más suaves, el entorno natural de Madrid resulta un destino ideal para pasear y retomar contacto con la naturaleza. Los primeros días de octubre me llevaron a Rascafría, donde recorrí el Bosque Finlandés. Este paraje arbolado debe su nombre a las especies propias del norte de Europa que allí crecen. Un pequeño lago bucólico y una cabaña de madera contribuyen a la evocación nórdica del lugar. Fue un paseo agradable, en un día soleado, del que disfrutó enormemente Cúper, el pequeño teckel que tanto lugar viene ocupando en nuestras vidas desde hace un par de años.

Siguió una agradable comida en Miraflores de la Sierra, en una de las principales plazas de esta localidad donde la madera y la piedra indican la localización de altura. Cierto es que, paradójicamente, aún me quedan muchos lugares por conocer en la Sierra madrileña e intentaré ir enmendando poco a poco esta carencia. Sin duda, Cúper ayudará a ello.

Palma de Mallorca

"Invisible Laura" en la exposición Mirall de Jaume Plensa
«Mirall», de Jaume Plensa, en la Lonja de Palma de Mallorca
⚪️ «Mirall» y las esculturas flotantes de Jaume Plensa

Lyon y Occitania (Francia)

Y unos días después de haber visitado Mallorca, nuevo viaje a Francia. Primera parada, Lyon, otro nuevo reencuentro pero con visitas a barrios que aún no conocía. Descubrí el encanto de la Croix Rousse, el barrio histórico donde en otros tiempos trabajaron a destajo los sederos. Cierto es que a la Croix Rousse se la llama la colina que trabaja frente a la Fourvière, la colina que reza coronada por la gran Basílica de Notre Dame. Hubo paseos por el centro más monumental o por el Vieux Lyon con su encanto medieval y visitas a los «bouchons», los tradicionales y generosos bistrós lioneses.

El río Saone a su paso por Lyon con la colina de la Croix Rousse al fondo

La siguiente etapa del viaje fue una vuelta al sur, de nuevo a Occitania, descubriendo tres lugares nuevos gracias a la invitación de unos buenos amigos. El primero fue la gran ciudad de Montpellier, histórica, señorial y a la vez con una gran animación universitaria. El segundo, la cercana Sète, hendida por canales que llegan al Mediterráneo y a cuyos lados se asientan terrazas y restaurantes donde probar los manjares del sur. La tercera sorpresa fue Saint-Guilhem-le-Désert, un precioso pueblo del Camino Jacobeo francés junto a las gargantas del Tarn, que parece aún anclado en los tiempos medievales de su fundación.

La abadía que originó la población de Saint-Guilhem-le-Désert
⚪️ Saint-Guilhem-le-Désert, el tesoro jacobeo medieval de Occitania

⚪️ Más artículos sobre Francia

Toro (Zamora)

Otra parte de la visita consistió en visitar Divina Proporción, una bodega en la parte baja de la ciudad, de nombre sugerente y con unos vinos D.O. que me parecieron exquisitos. Si a esto le sumamos la generosa y sabrosa comida local servida en la bodega y la excelente compañía, la suma fue una jornada magnífica.

Uvas maduras de los viñedos Divina Proporción de Toro
⚪️ Artículos sobre Zamora

Puerto Varas (Chile)

Y un año más volví a Chile, otro país lejano donde me siento como en casa y donde mis buenos amigos me reciben siempre con los brazos abiertos. Esta vez la estancia fue relativamente corta y tuvo lugar en el sur, en la Región de los Lagos, donde el paisaje es simplemente apabullante. Volví a Puerto Varas, la ciudad tranquila a orillas del gran Lago Llanquihue, siempre bajo la mirada de los grandes volcanes Osorno y Calbuco. Al igual que en la primera ocasión, me hipnotizó en cierta medida la visión de este paisaje casi alpino sólo que localizado en el entorno de los grandiosos Andes.

El volcán Calbuco desde la Costanera de Puerto Varas

Pude también pasear por la cercana Frutillar y por los senderos boscosos que rodean al gran espectáculo natural de los cercanos Saltos de Petrohué. Esta vez llegué un poco más allá por carretera, hasta el Lago de Todos los Santos, ya casi frontera con Argentina, donde el tiempo nuboso daba a las embarcaciones un cierto aire fantasmagórico. Conocí también la Laguna Verde, en Ensenada, de una coloración sorprendente. Chile está lejos, muy lejos, y sin embargo, en mi corazón lo siento siempre tremendamente cerca.

La belleza natural de los Saltos de Petrohué
⚪️ Qué ver y hacer en Puerto Varas, entre volcanes y lagos

⚪️ 10 lugares que ver en Chile, un gran destino de viaje

⚪️ Más artículos sobre Chile

Y, como siempre, entre viaje y viaje, me queda Madrid, una ciudad que me gusta más de año en año. De la misma manera que me gusta viajar a un lugar u otro, me reconforta saber que a la vuelta me espera Madrid. Es definitivamente aquí donde me gusta vivir. Madrid es una ciudad animada y divertida, lo suficientemente grande para perderse por ella, para explorar barrios diversos, para descubrir anécdotas y curiosidades que parecen no tener fin. La oferta cultural es magnífica, no sólo con los museos y exhibiciones permanentes sino también con las numerosas muestras temporales que llegan a la ciudad.

Una imagen de la Gran Vía desde la Plaza de España

Este año he disfrutado de las magníficas Galerías de las Colecciones Reales, he descubierto el Frontón Beti Jai, una joya de la pelota vasca en Madrid. He subido a terrazas con vistas increíbles sobre la ciudad, he podido acceder a lugares curiosos, como el mirador del Monumento a Alfonso XII junto al Estanque Grande del Parque del Retiro. Por este parque he paseado en innumerables ocasiones, sigue siendo mi refugio de naturaleza en pleno centro urbano, el lugar donde perderme en perfecta compañía humana y canina.

Cúper en el Parque del Retiro

Si en el título de esta sección he añadido «y más que nunca», es porque este año Madrid me ha deparado muchas más sorpresas unidas a una gran aventura literaria. Pero esto lo cuento en el capítulo siguiente de este resumen.

Beti Jai, el frontón de pelota vasca de Madrid
⚪️ Frontón Beti Jai, el secreto madrileño de la pelota vasca

⚪️ 7 Murales de arte urbano para Madrid

⚪️ Exposición: Los veranos y el mar en la pintura de Sorolla

⚪️ Librerías del mundo, el placer de viajar y leer (incluye varias librerías de Madrid)

⚪️ Más artículos sobre Madrid

En el resumen del año pasado titulé una sección de esta misma manera: «Viajes literarios». Porque es cierto que en mi caso viajar y escribir son dos actividades que cada vez están más íntimamente ligadas.

Presentaciones de Valencia. Acuarelas de Viaje

En noviembre de 2023 se publicó «Valencia. Acuarelas de Viaje» de Anaya Touring, en el que el artista Zacarías Cerezo Ortín pintó la ciudad en acuarela y yo la describí con textos. En febrero de este año 2024 tuvo lugar en Madrid, en el amplio local de B Travel Xperience, la presentación del libro en el que, junto a Esther, mi editora, pude contar mis sensaciones sobre este gratificante proceso de creación. ¡Gracias de corazón a todos los que me pudisteis acompañar aquella tarde!

Valencia. Acuarelas de Viaje.

Poco después, en abril, tuve la oportunidad de acudir con Zacarías a la Feria del Libro de Valencia , donde hablamos de acuarelas y textos, en el entorno mismo de la luminosa ciudad a la que rendíamos homenaje.

Presentación de «Valencia. Acuarelas de Viaje» en la Feria del Libro de Valencia

Madrid Underground, la gran novedad literaria del año

Pero la gran novedad literaria de este año 2024 ha sido «Madrid Underground», publicado también con Anaya Touring. Como dice el subtítulo del libro, es «una puerta abierta al Madrid subterráneo». Ha sido fascinante investigar, descubrir qué hay y qué sucede bajo el asfalto madrileño y reflejarlo en el libro con textos y fotografías. Es otra manera de ver Madrid y para mí estos descubrimientos no han hecho sino aumentar la fascinación que siento por mi ciudad.

Libro Madrid Underground
Libro Madrid Underground
Libro Madrid Underground

«Madrid Underground» salió a la venta el 14 de noviembre y una semana después, el 21 de noviembre, tuvo lugar su presentación. Fue de nuevo en el local de B Travel Xperience. Dos presentaciones en un intervalo de meses, ¡nunca hubiera imaginado estas oportunidades hace apenas un par de años! De nuevo acompañada por Esther y por personas queridas de diversos ámbitos de mi vida, pudimos charlar sobre pasadizos, ingeniería soterrada, arte subterráneo, criptas, restaurantes secretos y muchos otros lugares que figuran en este nuevo libro.

Un fotograma de la presentación de «Madrid Underground» en B Travel Xperience

Yukali Página Literaria

Todo ello sin contar la colaboración que prosigo desde hace años con mi querida «Yukali Página Literaria», formada por un conjunto muy amigable y heterogéneo de personas, unidas por la sensibilidad y el amor a la escritura, cada cual en su estilo propio. Sigo publicando allí «Imagen y Palabra», un texto corto que, uniendo una imagen de viaje con algún fragmento literario, siempre encuentra manera de contar una pequeña historia.

Portada del nº 4 de Yukali Página Literaria

También he tenido la suerte de contribuir al nuevo número, ¡y ya van cuatro!, de la delicada revista «Yukali Poesía» -esta vez titulada «Cuerpos»-, ideada y hecha realidad por la no menos delicada y sensible Ana Sánchez Huéscar, quien recientemente ha publicado un nuevo poemario, «Pequeña» , con palabras sutiles que hacen vibrar las fibras más sensibles.


En definitiva, la extensión de este resumen -pido disculpas por ello- confirma que el 2024 ha sido un año fructífero en viajes y escritura. Como sigo pensando desde hace muchos años, lo primordial es poder realizar estas actividades con salud y buena compañía. ¡Eso mismo te deseo de corazón para el Nuevo Año que ahora empieza!


Mapa de los viajes de 2024


Seguir leyendo:

2023, mi año en viajes
2022, mi año en viajes
2021, mi año en viajes

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